En un barrio, el vecindario vivía atemorizado por el
matón del lugar y sus secuaces; eran explotados.
Una tarde en que sintieron fuerte gritería, salieron de
sus casas para averiguar y vieron que el matón de otro barrio luchaba duramente
con el local. Entonces un vecino dice a otro: “¿Quién quieres que gane?”. El
vecino algo confuso le responde: “¡No me hace ninguna gracia quién sea el que
nos siga explotando!”. Esta situación es una de las perlas encontradas en los
intestinos; perla como la Derrama Magisterial; el Cafae; fuentes de dineros que
comunistas rojos y amarillos se disputan; pero que son de propiedad de todos
los profesores, activos o jubilados y que sólo son de conocimientos de estas
agrupaciones políticas totalitarias, no democráticas como lo exigen los
profesores independientes, que sólo quieren transparencia con sus derechos, entre
tantos otros temas.
El magisterio peruano es una estructura compleja. Siempre
faltaron profesores, especial mente para los distritos, pueblos, casi perdidos
en la inmensidad de las cordilleras y las selvas. Faltos de comunicación, con
gobiernos generalmente ineptos y corruptos.
Un examen del
magisterio es para varios libros. Pero en esa realidad histórica; “cualquiera
era tomado como profesor”. No los había licenciados, graduados en cantidad
suficiente, porque los sueldos y los espacios de trabajo, desanimaban a los
jóvenes más prometedores.
En una escuela olvidada, se tomaban a recién egresados de
secundaria; de una secundaría ya bastante mediocre; que se iba mediocratizando
en las décadas hasta llegar al fondo. No había otro recurso; “peor era nada”;
había que aparentar para que la burocracia tenga trabajo vitalicio.
Pero, en esta
entropía; estudiantes que no seguían educación como profesión, en la
universidades o pedagógicos, por los sueldos de propina y espacios de trabajo
poco menos que calvarios, estudiaban
otras profesiones porque prometían más altos sueldos y comodidades de trabajo;
pronto se dio la situación de saturación del mercado laboral profesional:
demasiados ingenieros, biólogos, médicos, enfermeras, economistas,
administradores; etc. etc. etc.
Ironía de los fenómenos sociales: al faltarles trabajo a
estos profesionales, amarrando el orgullo, comenzaron a buscarlo en el
magisterio donde sabían que pagaban poco, que había que trabajar en las heladas
punas, y enfermables selvas, donde el viaje por piragua motorizadas era y es
todo un calvario para el foráneo, pésimamente remunerados; con familia—se han destruido
muchas familias de profesores por la ausencias al hogar, no de semanas sino de
meses—. Pero si no se trabaja, no se come.
La presencia de otros profesionales en educación— generalmente,
por no tener el título de profesor requerido, eran ubicados en los distritos
más alejados; pero esto dio lugar a un fenómeno
interesante: a pesar de considerados “sin formación pedagógica, didáctica”— que
luego con programas especiales se superó la exigencia—; a pesar de esto, los
alumnos del campo, de lugares olvidados, la estadística empezó a mostrar
porcentajes de ingresos a los centros superiores que no existía; esto dio lugar
a un proyecto de ley para que cualquier profesional que quisiera trabaja en
educación, con la capacitación en pedagogía podría hacerlo; algo que con
ferocidad rechazan los politizados estudiantes y profesores de Educación. Como
se ve, cuánto pan para rebanar.
Todo esto existente en el cadáver de la educación básica
y en el magisterio, debe ser tratado para su resurrección. No es problema sólo
de los profesores, el sistema educativo, sino del estado, los gobiernos, la
sociedad toda; del periodismo, ojos, oídos y lengua de la sociedad.
No se debe hacer
una curación a medias, sino crear un nuevo sistema educativo, valido para todas
sus variables.
