Cuando después de, digamos un año, los gobiernos
demuestran esterilidad para desarrollar el país, pueden darse dos situaciones:
ayudar a gobernar hasta cumplir el periodo o la vacancia.
Por supuesto que
los políticos profesionales parásitos de la caja fiscal, gritan por lo segundo.
Quieren ser parlamentarios, gobernadores descentralizados vitalicios, hasta
dinásticos. El colaborar con el gobierno de turno es demasiado avanzado para su
ética, para su moral, para su inteligencia constructiva social; porque jamás
tienen un proyecto de gobierno evolucionista, creador de una cultura avanzada
de acuerdo a los tiempos; porque pertenecen a una casa política dogmática de la
exclusión y el totalitarismo. La colaboración les es pecado.
O irse. La incompetencia debe ser causal de vacancia ipso
facto. La culpa no es de los elegidos o elegidores,
sino de los torpes e ignorantes hacedores de leyes; la constitución debe ser un
buen tamiz para no tener gobernadores incompetentes y potencialmente corruptos;
señalando claramente los límites entre dictadura, libertinaje y la auténtica
libertad social.
Ω
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