LAS LEYES NATURALES, LAS LEYES SOCIALES; EL ROL
SUSTANTIVO DE LAS HEMBRAS EN LAS ESPECIES, EN LAS RAZAS
Cundo los humanos vivían en las selvas, montañas, playas,
ríos; se guiaban por las leyes de la naturaleza, comunes a los demás animales;
donde básicamente tenían—y tienen—; dos necesidades: la alimentación, para la
sobrevivencia personal, y, la reproducción, para la perpetuación de la especie,
de la vida; mandato supremo de las leyes del universo, creadoras de la vida; de
ese fenómeno tan oscuro al entendimiento humano.
Al ir creciendo los grupos familiares, por natural
desarrollo demográfico; se fueron formando la sociedades; que no demuestran
signos de que el humano se civiliza por ello; sólo que continúan las eternas,
históricas luchas con matanzas de humanos contra humanos; en nuevos escenarios;
con nuevas armas; con más intensidades en el lado oscuro de la naturaleza del
humano.
Al vivir en sociedades, crear culturas, civilizaciones;
los humanos crearon leyes para la convivencia; para el freno de las conductas
animales que en sociedad ya no serían válidas—esto no ha anulado el “instinto”
animal del asesinato, la violación, el robo, la explotación del débil; del
ignorante—. Muchas de estas leyes, se contradicen con las leyes naturales;
dando como resultado infelicidad, sufrimientos físicos y morales.
Los conceptos de monogamia, no existen en la naturaleza;
ni lo de robo tampoco; sólo tienen significado en los marcos éticos, culturales
de las civilizaciones; y aun entre ellas, históricamente y en la actualidad,
existen grandes diferencias, que provocan enfrentamientos entre las culturas.
El tema es de desarrollo muy amplio.
Cuando una joven—para el caso de un muchacho ya entrando
a la adultez y en su adultez, este no tiene el problema sexual que el de sus
hermanas por ejemplo; porque puede acudir a lupanares, si no resuelve de otra
manera, su instinto de reproducción, que conlleva intenso deseo y placer,
inigualable en el universo; exageradamente intenso en algunos individuos y casi
nulo o nulo en otros.
La contradicción, hasta feroz, aparece cuando la
naturaleza, anuncia con la regla en las niñas, de que naturalmente está apta
para la reproducción—intensa inquietud para la naturaleza, que no sabe de
morales—; y no sólo lo sienten las púberes y adolescentes, sino también quienes
las observan.
Si la muchacha o
mujer, no se casa— donde encontraría la
solución al instinto, y es madre o reproductora, para satisfacción de las leyes
de la vida del universo; donde quizás ella sin saberlo, ya cumpliría—, o si por
otro medio no es madre o se satisface sexualmente, según su grado de
sexualidad; entonces entra en un periodo, quizás toda la vida como en las
solteronas o monjas de verdad.
Es una situación
muy dura para la mayoría de mujeres que
tienen que decidir. En la actualidad, la necesidad sexual, con la libertad o libertinaje
sexual, queda el problema aparentemente resuelto; pero no el de la reproducción
que subyace y late en las conciencias, en los subconscientes de las mayorías de
mujeres.
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