ANTES QUE NADA EL FÚTBOL DE COMPETENCIA DEBE MANTENER SU CARÁCTER DE CATÁRTICO
Nunca será lo mismo el fútbol interclubs, que los
campeonatos entre países. En el último mundial, se pudo observar como el gran
Cristiano, no pudo llevar lejos a la selección de su país—y en la última y
fresca Copa América, el genial Messi—; simplemente porque para ganar partidos
no basta un solo jugador excelente, sino todo regulares; en que la integridad
de las piernas suele quedar en segundo lugar cuando se trata de honor nacional;
hasta llegar más allá de lo correcto; por políticas de la máxima institución
del deporte del fútbol.
Ante tanta injusticia en las sociedades, en toda la
historia de la humanidad, un gran pueblo de gentes inteligentes como lo fue
Grecia—hoy en problemas financieros por causas a estudiar—, encontraron que el
arte o espectáculos, podían liberar de las tensiones mentales, emotivas a los
seres humanos, a las enormes masas que sufrían afrentas, injusticias,
adversidades de la vida; al ver en lo representado por actores sus casos donde
la maldad era castigada; algo que jamás sucedía en la realidad y que enfermaba
el espíritu y potenciaba a las reacciones sociales violentas; como ahora con las
delincuencias, las corrupciones de los políticos y partidos políticos en los
gobiernos de las naciones.
Este desfogue psíquico, ante lo imaginario, depuraba
el espíritu, evitaba enfermarse mentalmente, o reducía las tensiones—más tarde,
en plena degeneración social, lo romanos usarían el circo para mantener a sus
gentes aquietadas —; es decir, el espectáculo para masas les afecta
mentalmente, para bien o para mal. A este fenómeno psíquico, los griegos lo denominaron
“Catarsis” o depuración del espíritu; desfogue de lo contenido en él por acción
de espectáculos.
Las principales características del fútbol de
competencia, son: es de multitudes; es universal; moviliza millonarias sumas de
dineros; que por ser la dirigencias entidades autónomas de los gobiernos, son prácticamente
secretas sus políticas que desarrollan este deporte espectáculo económico.
El fútbol sobre estas características, afecta los
sentimientos de las enormes masas de espectadores, nacionalidades, de un
deporte ya universalizado, globalizado como se dice. Crea emociones que crecen
hasta convertirse en pasiones; y las pasiones siempre han sido irracionales.
Podemos recordar en la historia del fútbol: “La guerra del fútbol”, menos mal
breve enfrentamiento entre dos países por causas de, según se decía, mala
conducción arbitral en un partido, en un campeonato.
Todo esto debe llevar a los países a educar a las
personas en cuánto a cómo deben espectar los partidos, los campeonatos; para
evitar absurdas conductas generadas por las pasiones más que por la razón. Se
debe saber saborear, gozar, las pocas horas o días que duran los triunfos; así
como soportar los fracasos; porque ambos no son eternos; son cíclicos; de
acuerdo a las estadísticas en la historia; y siempre se debe tener la paciente
esperanza de que si su equipo se preparar inteligentemente, podrá darles las
satisfacciones de los éxitos. Conocedores de esto, se evitarán extravagancias
en las argumentaciones.
Buscar eliminar las injusticias; con reglamentos que
consideren las tecnologías modernas que graban visualmente el desarrollo de los
partidos, que si bien no deban, tal vez, decidir un resultado, si servir para
sanciones pecuniarias a los participantes, como jugadores, árbitros,
entrenadores, ligas y hasta la propia entidad máxima; hoy cuestionada.
Es decir, es necesaria la optimización de este deporte;
especialmente en los campos de los reglamentos y las evidencias, para que den claridad,
transparencia moral a su desarrollo; y cumplan con la función de Catarsis que
debe ser su objetivo y no exacerbar las emociones, las pasiones; que puedan alterar
las relaciones de humanos civilizados.

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