lunes, 6 de julio de 2015

ANTES QUE NADA EL FÚTBOL DE COMPETENCIA DEBE MANTENER SU CARÁCTER DE CATÁRTICO




ANTES QUE NADA EL FÚTBOL DE COMPETENCIA DEBE MANTENER SU CARÁCTER DE CATÁRTICO

Nunca será lo mismo el fútbol interclubs, que los campeonatos entre países. En el último mundial, se pudo observar como el gran Cristiano, no pudo llevar lejos a la selección de su país—y en la última y fresca Copa América, el genial Messi—; simplemente porque para ganar partidos no basta un solo jugador excelente, sino todo regulares; en que la integridad de las piernas suele quedar en segundo lugar cuando se trata de honor nacional; hasta llegar más allá de lo correcto; por políticas de la máxima institución del deporte del fútbol.
Ante tanta injusticia en las sociedades, en toda la historia de la humanidad, un gran pueblo de gentes inteligentes como lo fue Grecia—hoy en problemas financieros por causas a estudiar—, encontraron que el arte o espectáculos, podían liberar de las tensiones mentales, emotivas a los seres humanos, a las enormes masas que sufrían afrentas, injusticias, adversidades de la vida; al ver en lo representado por actores sus casos donde la maldad era castigada; algo que jamás sucedía en la realidad y que enfermaba el espíritu y potenciaba a las reacciones sociales violentas; como ahora con las delincuencias, las corrupciones de los políticos y partidos políticos en los gobiernos de las naciones.
Este desfogue psíquico, ante lo imaginario, depuraba el espíritu, evitaba enfermarse mentalmente, o reducía las tensiones—más tarde, en plena degeneración social, lo romanos usarían el circo para mantener a sus gentes aquietadas —; es decir, el espectáculo para masas les afecta mentalmente, para bien o para mal. A este fenómeno psíquico, los griegos lo denominaron “Catarsis” o depuración del espíritu; desfogue de lo contenido en él por acción de espectáculos.
Las principales características del fútbol de competencia, son: es de multitudes; es universal; moviliza millonarias sumas de dineros; que por ser la dirigencias entidades autónomas de los gobiernos, son prácticamente secretas sus políticas que desarrollan este deporte espectáculo económico.
El fútbol sobre estas características, afecta los sentimientos de las enormes masas de espectadores, nacionalidades, de un deporte ya universalizado, globalizado como se dice. Crea emociones que crecen hasta convertirse en pasiones; y las pasiones siempre han sido irracionales. Podemos recordar en la historia del fútbol: “La guerra del fútbol”, menos mal breve enfrentamiento entre dos países por causas de, según se decía, mala conducción arbitral en un partido, en un campeonato.
Todo esto debe llevar a los países a educar a las personas en cuánto a cómo deben espectar los partidos, los campeonatos; para evitar absurdas conductas generadas por las pasiones más que por la razón. Se debe saber saborear, gozar, las pocas horas o días que duran los triunfos; así como soportar los fracasos; porque ambos no son eternos; son cíclicos; de acuerdo a las estadísticas en la historia; y siempre se debe tener la paciente esperanza de que si su equipo se preparar inteligentemente, podrá darles las satisfacciones de los éxitos. Conocedores de esto, se evitarán extravagancias en las argumentaciones.
Buscar eliminar las injusticias; con reglamentos que consideren las tecnologías modernas que graban visualmente el desarrollo de los partidos, que si bien no deban, tal vez, decidir un resultado, si servir para sanciones pecuniarias a los participantes, como jugadores, árbitros, entrenadores, ligas y hasta la propia entidad máxima; hoy cuestionada.
Es decir, es necesaria la optimización de este deporte; especialmente en los campos de los reglamentos  y las evidencias, para que den claridad, transparencia moral a su desarrollo; y cumplan con la función de Catarsis que debe ser su objetivo y no exacerbar las emociones, las pasiones; que puedan alterar las relaciones de humanos  civilizados.



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