Este mar, es testigo y personaje en la historia de gran
parte de la humanidad; encierra en él tantas leyendas, entre ellas la fabulosa
Atlántida, aún sin clara tesis sobre su existencia.
Para ser un mar, también de origen desconocido, es quizás el
que más almas contiene de humanos que murieron por diferentes razones en él, y
que continúan muriendo; sin consideración por la vida de niños, niñas, mujeres,
ancianos, hombres y mujeres.
El mar Mediterráneo, no es un ser, a la manera de la
mitología griega antigua, al cual se le pueda atribuir responsabilidad moral
por los humanos que mata, ahogándolos cuando caen a sus aguas. No es un ser que
pueda sentir algo cuando arroja a sus playas cientos de cadáveres de niños
pequeños, hombres, mujeres, ancianos que tuvieron la fatalidad de navegar sobre
él para huir de otras muertes y finalmente cumplir ¿su destino inevitable?,
desgraciado, de perecer de manera horrible, ante la indiferencia,
desconocimiento de los otros humanos del mundo; que no hacen nada para resolver
de manera definitiva las causas de esas muertes, que llenan de horror cuando la
comunicación muestra la imagen inerte de un niño en sus playas.
¿Qué es la especie humana? ¿En qué momentos de perversión
las fuerzas creadoras la produjeron? ¿Cómo puede ser posible que con tanta
impunidad, las fuerzas perversas maten a un niño, a una pequeña niña que jamás
sabrán lo que es tener 20, 30, o más años?
Jamás, rezar muchas oraciones resolverá estos problemas de
envilecimiento, causadas precisamente por el fanatismo religioso en el primer
lugar. Ni las ideas en la mente, ni las palabras en la lengua cambiarán nada de
esta macabra realidad; sólo los hechos lo harán; cuando los humanos de bien
entiendan que hay que usar los mismos medios que se emplean para asesinar a
pequeños y sus familias que tuvieron el derecho a la vida, no a la muerte
decidida por perversos.
Ω



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