jueves, 23 de junio de 2016

NOTICIAS PERUANAS DE THOMAS ALBERT MALDONADO CARBAJAL: ‘LAS CORRIDAS DE TOROS EN PERÚ: ¿DEBEN SUSPENDERSE? ¿DEBEN MODIFICARSE?’








Este espectáculo sangriento y fatal, generalmente para el animal, “Toro de lidia”, también suele serlo para el humano “Torero”; y endurecedor del espíritu humano.
No se conoce su origen, pero se piensa que nació en los circos romanos, en la época de barbarie y ya degenerada  civilización Romana.
En los últimos siglos de este imperio antiguo, tenían por diversión toda la sociedad romana, en todas su clases sociales, asistir a los espectáculos dados en los llamados circos, semejantes a los estadio de deportes actuales, pero acondicionados para representar situaciones reales en las que se veía la muerte de humano en manos de animales salvajes; violaciones, y especialmente luchas a muerte con armas entre hombres llamados “gladiadores”.
Entre estos espectáculos crueles, estaba el ataque de toros salvajes a personas que sacrificaban colocándolas junto a estos animales. La muerte de hombres, mujeres, corneados por estos animales divertían a esos espíritus; que no tardarían en conocer el terror también cuando ya en decadencia, fueron atacados y destruidos por otros pueblos invasores.
Se puede imaginar a un infeliz tratando de defenderse del ataque del toro; en su terror colocar delante de él una prenda de vestir, un trapo, que el toro eligió para cornear. El sujeto se dio cuenta de ello, la chusma también; el toro atacaba al trapo en movimiento y no a la persona; lo cual era premiado con aplausos, y tal vez le salvara la vida; había nacido el toreo.
¿Por qué esto ha sobrevivido milenios? ¿Hay sadismo en no pocas personas? ¿Es un legado “cultural”? ¿Es parte de la cultura o tradiciones españolas y regadas en Latinoamérica?
Lo real es que aún existe y se practica. En la historia del toreo, donde son héroes los “Toreros”; personas entrenadas para lidiar con el animal, también preparado para el espectáculo, existió un destacado, conocido como “Manolete”. Las gentes veían en las corridas, elegancia, bravura; donde el “coso” era también lugar de exposición social. Ya en su vejez, Manolete, no se acercaba tanto al toro, que era una de las característica que hacía chillar al público,  especialmente a las mujeres, cuando el afilado cuerno pasaba rozando el pecho o abdomen del toreador; por ello el público, muy seguro es sus butacas exigía al torero más acercamiento; hasta se burlaban con frases como: “Manolete ya no mata ni un torete si le sale por el retrete”.
Presionado en su orgullo, Manolete se acercó, en la siguiente embestida, al enorme toro, que consiguió cornearlo en el pecho; sólo sobrevivió, unos días.
Hace poco, otro torero siguió el mismo camino a un nicho.
Las discusiones para cancelar este espectáculo, con muertes humanas innecesarias, no son definitivas; quizás se pueda conservar si se cambian las reglas; se elimina la tortura del animal que los “Pican” con lanzas que llegan hasta los pulmones del infeliz; le sangran y así no puede respirar, facilitando su asesinato, ante el regocijo del público ya aberrado, como el antiguo romano de la decadencia militar, política, social moral.
Que el espectáculo se limite al toreo de animal; no a ser herido luego muerto. Que termine la actuación saliendo, tanto humano con animal vivos. Que lo que se vea sea elegancia, vigor del animal, destreza para no ser cogido por pitones sin agudezas. Así se podría ver no sólo una vez sino varias al mismo toro, con diferentes toreros, dentro de una función no salvaje.


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