Ahora se dice, que en situaciones polémicas en un partido de
fútbol, se puede recurrir a la opinión de las nuevas reglas temporales de
fútbol, donde el árbitro, más que nunca, es la instancia límite.
Ganarle al poderoso fútbol carioca, tenía que tener algo de leyenda,
donde la verdad para todos no existe; y la polémica se hace interminable. Un
partido de leyenda, donde la claridad, la exactitud debió ponerla Brasil, con
un tres a cero, un tres a uno, lo que no sucedió. No es el fútbol brasileño
histórico; sin quitarle nada a los nuevos del fútbol peruano; que no se “chupan
ni arrugan”, y que más bien está resucitando aquel fútbol pícaro, alegre y
eficiente; que así sea.
Sabemos, que los deportes de competencia, especialmente el
fútbol—olvidamos, no miramos donde las chicas del vóley, por no pasarse estos
partidos que debería hacerlo el canal del Estado, ganan, pierden o empatan; donde no vemos en vivo y directo sus
expresiones de triunfo en toda la boca cuando les va bien, o cabizbajas cuando
las cosas salen mal y hay que comprender que para otra vez será; y que las
abrazamos en ambos casos igual, porque nada es permanente; en la mañana reímos
y en la tarde podemos estar tristes.—, el fútbol de competencia, que aún no ha
sido completamente entendido, es un tremendo generador de sentimientos profundos,
en millones de personas simultáneamente; emociones, hasta pasiones; en todo
corazón de cualquier humano en el mundo que guste de este deporte. Cuántos
niños lloran porque su equipo perdió, y no gozamos plenamente que es nuestro
equipo el que derrotó al suyo, pero al ver las lágrimas del niño blanco, negro,
cobrizo, amarillo, mestizos de infinitas subrazas, llora; no gozamos plenamente
y el espíritu se nos hace pedazos. Eso provoca este deporte, que los psicólogos,
sociólogos, etc., no informan de por qué puede crear, desatar tan profundos
sentimientos; tan encontrados tantas veces.
Los peruanos jugaron
como debe ser, como quiere verse y aunque se pierda, reconocer que jugaron con
valor, atacando hasta el final, defendiendo, como se dice, con garra; y esta
vez, con algo más; salvo el gol que se perderá en la leyenda, su elaboración
fue la típica de ese fútbol elegante que, más que perdido en el tiempo, está
dormido, y vimos la pared con devolución de taco, no importa el jugador
peruano, la entrada veloz, el centro y el estar donde debe estar un atacante;
lo demás que se siga hablando. Brasil debió golear y no lo hizo, nunca pudo.
No importa mañana; es nuestro cuarto de hora, ahora:
¡¡Arriba Perú!!
Ω



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