FATALIDAD DE LOS BOSQUES AMAZÓNICOS DE LOS PERUANOS:
DEBAJO DE SUS HERMOSAS JUNGLAS: ORO
Según los entendidos en la formación de la corteza
terrestre, en el subcontinente
americano, actual Sudamérica, no existía la
cordillera de los andes, y por ello Sudamérica era una isla casi plana y
no muy grande.
La vida geológica de la Tierra, con sus fenómenos
tectónicos, crearon a esta fabulosa cordillera, con características de gran
valor para el futuro humano que habitó y habita estos espacios. Arrastró del núcleo
cantidades y variedades de minerales contenedores de diversos metales; se
formaron nichos ecológicos de grandes diversidades climáticas por sus
diferentes alturas y geografías. Luego del catastrófico nacimiento de la
Cordillera de los Andes, la geología de Sudamérica cambió profundamente; la
cordillera surgió de las profundidades del océano pacífico; en las orillas
oeste del subcontinente; huellas de ello se encuentran en los bancos de
conchuelas de moluscos de hace millones de años; en alturas escalofriantes de
cuatro, cinco mil metros y más.
Junto con la formación de estas montañas, o como
causas de ella, cientos de volcanes por millones de años, expulsaban a la
atmósfera gases de muchas clases; muchos de ellos está aún activos, conectando
la atmósfera con el núcleo mazamórrico; siendo una de las causas de los
terribles desastres naturales; chimeneas que desfogan enorme cantidades del
calor del núcleo a la atmósfera, interviniendo permanentemente en el
calentamiento de nuestro planeta.
El clima era tropical, con lluvias intensas. Sudamérica
era toda una selva. Grandes masas de nubes eran generadas en el Atlántico;
arrastradas por el viento de Este a Oeste, encontraban y encuentran como gran
barrera por la altura, a la cordillera; obligadas a intentar cruzarla, por
millones de años y aún lo hacen, la lluvias caían sobre estas montañas,
seguramente de más de siete mil metros; la erosión hizo lo demás, como se puede
ver en el presente.
Las disoluciones de los componentes de la cordillera
andina; arrastró hacia el Brasil millones o billones de toneladas de bauxita o
mineral de aluminio, hoy explotados en Brasil. Eran llevados como barros por lo
cientos de ríos formados en la cordillera occidental y trasladada el agua hasta
el Atlántico, iban dejando como aluviones este mineral hoy tan valioso por su
contenido de aluminio.
Pero, también erosionaba las zonas, prácticamente en
toda la cordillera, con contenido del metal oro. Por ser muy pesado—prácticamente
casi 20 veces el peso del mismo volumen de agua—, este metal noble; ultra valioso;
causa de tantas tragedias en la humanidad; se fue depositando en aluviones
anuales cerca de la cordillera o ramal
oriental de este sistema de montañas; es decir en su pie o cercanías. Pasando
los siglos y milenios; los nuevos espacios formados, se fueron cubriendo de
vegetales; como se puede observar hoy; inmensos bosques; que cercanos a los ríos
yacen en el subsuelo, no muy profundo, ingentes volúmenes de este metal. Hoy
fiebre de miles de personas, que lo trafican; con sus entornos, como siempre de
vida corrupta; menos mal sin casi muertes por lo de la “fiebre del oro”.
En las selvas peruanas, en la actualidad intensamente,
este oro, es extraído destruyendo los bosques, contaminando el medio, por
minería llamada informal y que el Estado peruano y sus gobiernos no saben
controlar. El oro es remitido al extranjero, perjudicándose todo los peruanos
por ser un recurso natural de todo el
país.
No existe una política eficaz para el control de la explotación
de este metal. Es demasiado poderoso y capaz de quebrar la más dura mano
gubernamental. Cada vez se pueden fotografiar el constante crecimiento de las
zonas deforestadas, destruida la flora y fauna que existían en eso lugares.
Como es típico de cada gobierno, incapaz de soluciones
a las problemáticas, las van dejando para las próximas administraciones.
Una idea es absoluta: “Mientras exista oro debajo de
los bosques, estos serán destruidos”; aun los parques nacionales; aun es válida
la afirmación: Poderoso caballero en don oro”; o algo equivalente.
Ω



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