El instinto hace protestar con hechos a las nuevas
generaciones de trabajadores, ahora en las aulas. La cultura del capital, que
practica hacerse ricos en grandes cantidades y breves tiempos, trata a los
futuros trabajadores como animales para amaestrar y tiren de sus carretas para
llenarse de dinero.
No es lo mismo las clases virtuales que las presenciales,
donde se tiene a niño o joven al lado, al compañero de carne y hueso, para
salir después de clase a beber algo y charlar o discutir; conversando,
discutiendo, haciendo deporte; conviviendo como seres humanos, no ,máquinas a
las que afinan para la explotación, en el silencio de una habitación.
Las nuevas generaciones de peruanos deben aprender a
indignarse, a protestar, a exigir un trato humano; no son sólo bueyes para
tirar después de los estudios las carretas que enriquecen a unos pocos y pagan
poco a muchos.
No todo es fútbol y discotecas.
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