Tres son las fuerzas que siempre han dado estructura a
una sociedad, que la convierten en un sistema social, económico, cultural, y
algo más; estas son: la Fuerza Empresarial; la Fuerza trabajadora; y la Fuerza
de las Leyes o Estado; que debe regular el sistema.
Se nace con cualidades de empresario, en cualquier cuna;
con cualquier apellido. No se aprende a ser empresario en ninguna universidad;
a lo más, estas instituciones desarrollan el talento empresarial; nunca lo
crean.
También se nace para ser trabajador; y también en
cualquier cuna; aunque los de cuna alta suelen ocultar que sus miembros son
sencillos trabajadores; como lo demostraba Luis XVI. No cualquiera es un buen albañil; agricultor, chofer
de transporte; médico, enfermera; policía, militar; maestro, artista,
deportista…
Pero para lo que no se nace, como parece, es para ser
trabajador público eficiente y ético. Sin embargo, el sector burocrático, el
del Estado, es la otra grande o pequeña
fuerza en la existencia de la sociedad. No nacen aun los trabajadores
del Estado, estos son improvisados con políticos de gobiernos de turno. Cuando
se defina un funcionario o trabajador público, claramente como los son los
empresarios y trabajadores, entonces se estará en algo nuevo como cultura,
civilización.
Estas fuerzas pueden fusionarse, pero nunca desaparecer.
Luis XIV decía: “El Estado soy Yo”; con lo que en esa sociedad sólo había el
empresario representado por el sector monarquista y los trabajadores o
campesinos—no se puede negar que existía y aún existe, a costa de la sociedad,
una casta religiosa.
La observación científica encuentra que no pueden existir
empresas sin empresarios que son sus creadores; y que estas empresas jamás
operarían, producirían, sin los músculos de los trabajadores, de sus heterogéneos
talentos específicos y complementarios; por extraño designio. A la vez
sometidos ambos a leyes para la convivencia
laboral en paz y respeto; a responsabilidad del Estado.
Al mismo tiempo
los trabajadores necesitan de gentes creadoras de empresas, administradoras de
ellas, invirtiendo en riesgos sus dineros, ya propios, ya financiados. Una
empresa implica trabajo, que es lo que necesitan los trabajadores para vivir.
El trabajador capaz de crear un medio de producción deja de ser trabajador y se con vierte en un empresario; caso Rockefeller.
El trabajador capaz de crear un medio de producción deja de ser trabajador y se con vierte en un empresario; caso Rockefeller.
Pero el trabajador
nato, lo es toda su vida y no aspira más que a respeto como persona, un salario
acorde su productividad, especialidad; un ambiente de trabajo seguro en salud y
sin accidentes; desarrollo dentro de su especialidad; estabilidad laboral en lo
posible dentro del fenómeno económico de depresiones, recesiones que no ignora;
seguridad social para su vejez. No es político activista sino auténtico
sindicalista, pero con la problemática de la infiltración de ideología
políticas en sus gremios, generalmente para utilizarlos en la huelgas, movilizaciones.
Toda organización de auténticos sindicalistas ha estado y está infiltrada por
políticos de diferentes ideologías. Sus dirigentes, no son generalmente
sindicalistas, sino políticos astutos, vividores. Los políticos aparecen como
pandillas organizadas o no para gobernar y vivir de la sociedad.
En cuanto a la función del Estado, rara vez es
auténticamente independiente; llega a ser dominado por las fuerzas sociales; ya
de empresarios con sus ideologías económicas capitalistas o Neocapitalistas, o
por el aun existente y estéril en
economía civil, Comunismo; o dictadura de un partido político a través de su
secretario general; tema conocido.
Luego, si las Empresas o empresarios no pueden existir,
producir, sin el trabajo, los trabajadores; en marcos de leyes direccionadas
hacia las empresas generalmente; se debe reconocer que en Perú, el trabajador
no está remunerado al nivel de la región y que por ello merece compensaciones
económicas.
Los trabajadores manejan pequeños volúmenes de dineros,
que nunca alcanza para sus gastos mensuales y por ello recurren cada vez más a
los “préstamos de consumo”; verdadera aberración económica e inmoralidad,
porque significa la hipotecación de los salarios futuros, aun no ganados, es decir,
nuevas formas de esclavismo.
Pero los trabajadores son por millones; esas pequeñas
cantidades macroeconómicamente son poderosos capitales; son la verdadera
energía que mueve un sistema económico, es la sangre en un organismo económico.
Un muy lúcido observador decía que el monto salarial
ideal, era aquel que cubría las necesidades de la persona, de la familia y aun quedaba
un pequeño remanente para el ahorro; ahorro que sumando todos, el inversionista
podría disponer del dinero para sus inversiones, dentro del sistema; sin
dineros extraños que distorsionan una estructura económica y la hacen
dependiente hasta la catástrofe; como en Grecia.
Si en Perú, no se puede o desea aumentar los salarios,
para que el ciudadano peruano tenga un decente nivel de vida, no por debajo respecto al mundo, bien puede ser
compensado con los periódicos montos por gratificaciones; dinero todo en el
mercado de consumo, porque el asalariado gasta todo su trabajo. Inyecciones de
liquidez que benefician a la economía, más allá del concepto egoísta y torpe de
que los trabajadores no deben ganar “mucho”.
El salario del trabajador público proviene de los
impuestos a las empresas, a las rentas; estas obtienen sus utilidades de los
salarios que consumen sus productos, sus servicios; es decir, cualquier
economista nos señala una circulación de dinero en el sistema; cuyos montos y
velocidad puede ser determinada; para una economía fuerte, de permanente
crecimiento.
Finalmente, bien se puede agregar en Perú; a las
gratificaciones actuales de Fiestas Patrias y Navidad, una que falta: “Gratificación
por el Día del Trabajador”; en los
Primeros de Mayo de todos los años, en montos de un salario o sueldo tanto para
el trabajador público como para el privado—que puede tomarlo de las utilidades
al trabajador.
Las gratificaciones, científicamente, sin perversidades
abominables, son dineros que irán al torrente de la economía de Perú; mejorarán
el espíritu y productividad; si los montos van indexados a los volúmenes de
renta; que es de donde deben salir. Las gratificaciones pueden compensar, no
sólo para el trabajador, sino para la economía toda, el no aumentar los
salarios o hacerlo en mínimos montos.


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