Los dogmatismos, no son sólo vendas en los ojos, lo son en
el cerebro; como grilletes que no dejan pensar en libertad, única manera de
conocer la verdad.
Pocas personas
están conscientes de que el universo es dinámico, a pesar de que lo ven por
todas partes; el fulanito que fue un niño y jugaba pelota en el calle, hoy es
un profesional, con familia y ya para canas.
Sin embargo, no
consigue tener un pensamiento de que la realidad, el mundo de la materia, lo
que sucede en ella y perciben mis sentidos, es la única realidad.
Ver para creer, decían las abuelas que no se envenenaban
tanto con dogmas del más allá, que meten miedo, ocultan la verdad y lo peor, la
capacidad de conocer la verdad, para aceptarla sólo a ella.
Un gran jugador de fútbol, es Claudio Pizarro, el “Bombardero”;
por la violencia en disparar y sin contemplaciones a los arcos rivales. Los
mitos, las leyendas, peor: los dogmas que mantienen ignorantes a las gentes,
dicen que ningún jugador de fútbol puede ser productivo más allá de los
cuarenta; los jugadores lo creen, se adormecen y se detienen; pero
especialmente lo creen los administradores de este rudo deporte; que provoca
lágrimas y risas; y por ello, casi todos, no ven al jugador, sólo a su
documento de identidad para tomar decisiones y jubilar a jugadores que todavía
los despeinan con la pelota a los más jóvenes.
Pero, en Alemania, alemanes tenían que ser, humanos de mentes
tan claras, dirigentes de un club alemán donde juega este peruano, lo ha dejado
seguir jugando; quizás lo tenían en la banca, por simpatías personales, para
ponerlo ya en minutos finales, por jugadores lesionado, cansados; quien sabe
finalmente, cuales fueron las causas para que el Bombardero siguiera jugando…y…haciendo
goles tan definitivos para los intereses del club.
Y allí está, en las canchas europeas nuestro jugador. En
un país polarizado como es Perú, la mitad de la hinchada no lo quiere, mientras
la otra mitad lo ama; ¡Ah peruanos!
En la cancha se ven los gallos, decían los tíos agresivos
antaño; cuántas veces los envidiosos, los acomplejados, traumados, por no
aceptar las realidades, pero estando en las puertas, no han dejado, ni dejan
que el superior avance, que demuestre; la mediocridad siempre ha sido así.
El tiempo irá más
allá de la vida de Claudio como jugador; no sabemos si con tremendas demostraciones
de aun capacidad y más experiencia, sigan dejando jugar a Pizarro; pero allí
está él, haciendo goles con arte, con dinamita.
El odiado y a la vez amado Bombardero, en nuestra patria
peruana, rompe mitos; y no debe sorprender que los atletas sigan con altos
rendimientos más allá de los tiempos tradicionales, dogmáticos, que no reconocen
el avance científico y todo ello en las actividades humanas.
Lo que no debe
olvidar, Claudio, es la admiración de un gran pueblo por su arte, como es el
alemán; y no es erróneo razonar que dentro de dos o tres décadas, el límite
será de 50 años para los nuevos jugadores; y para después quizás más; con los Claudios
como pioneros.
En las punas
peruanas, hombres de más de 60 años corren con el viento helado en la cara; los
únicos que desconocen eso, son los que antipatizan con Claudio Pizarro.
Ω

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