domingo, 17 de febrero de 2019

EL BOMBARDERO: CLAUDIO PIZARRO, ROMPIENDO MITOS EN EL FÚTBOL; LLEVANDO LEJOS EJEMPLARMENTE LOS LÍMITES DE RENDIMIENTOS




Los dogmatismos, no son sólo vendas en los ojos, lo son en el cerebro; como grilletes que no dejan pensar en libertad, única manera de conocer la verdad.

 Pocas personas están conscientes de que el universo es dinámico, a pesar de que lo ven por todas partes; el fulanito que fue un niño y jugaba pelota en el calle, hoy es un profesional, con familia y ya para canas.

 Sin embargo, no consigue tener un pensamiento de que la realidad, el mundo de la materia, lo que sucede en ella y perciben mis sentidos,  es la única realidad.

Ver para creer, decían las abuelas que no se envenenaban tanto con dogmas del más allá, que meten miedo, ocultan la verdad y lo peor, la capacidad de conocer la verdad, para aceptarla sólo a ella.

Un gran jugador de fútbol, es Claudio Pizarro, el “Bombardero”; por la violencia en disparar y sin contemplaciones a los arcos rivales. Los mitos, las leyendas, peor: los dogmas que mantienen ignorantes a las gentes, dicen que ningún jugador de fútbol puede ser productivo más allá de los cuarenta; los jugadores lo creen, se adormecen y se detienen; pero especialmente lo creen los administradores de este rudo deporte; que provoca lágrimas y risas; y por ello, casi todos, no ven al jugador, sólo a su documento de identidad para tomar decisiones y jubilar a jugadores que todavía los despeinan con la pelota a los más jóvenes.

Pero, en Alemania, alemanes tenían que ser, humanos de mentes tan claras, dirigentes de un club alemán donde juega este peruano, lo ha dejado seguir jugando; quizás lo tenían en la banca, por simpatías personales, para ponerlo ya en minutos finales, por jugadores lesionado, cansados; quien sabe finalmente, cuales fueron las causas para que el Bombardero siguiera jugando…y…haciendo goles tan definitivos para los intereses del club.

Y allí está, en las canchas europeas nuestro jugador. En un país polarizado como es Perú, la mitad de la hinchada no lo quiere, mientras la otra mitad lo ama; ¡Ah peruanos!

En la cancha se ven los gallos, decían los tíos agresivos antaño; cuántas veces los envidiosos, los acomplejados, traumados, por no aceptar las realidades, pero estando en las puertas, no han dejado, ni dejan que el superior avance, que demuestre; la mediocridad siempre ha sido así.

 El tiempo irá más allá de la vida de Claudio como jugador; no sabemos si con tremendas demostraciones de aun capacidad y más experiencia, sigan dejando jugar a Pizarro; pero allí está él, haciendo goles con arte, con dinamita.

El odiado y a la vez amado Bombardero, en nuestra patria peruana, rompe mitos; y no debe sorprender que los atletas sigan con altos rendimientos más allá de los tiempos tradicionales, dogmáticos, que no reconocen el avance científico y todo ello en las actividades humanas.

 Lo que no debe olvidar, Claudio, es la admiración de un gran pueblo por su arte, como es el alemán; y no es erróneo razonar que dentro de dos o tres décadas, el límite será de 50 años para los nuevos jugadores; y para después quizás más; con los Claudios como pioneros.

 En las punas peruanas, hombres de más de 60 años corren con el viento helado en la cara; los únicos que desconocen eso, son los que antipatizan con Claudio Pizarro.



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