Este día anual tan
especial, se titula tradicionalmente como: “El día de la Madre”; pero, es preferible,
por estar más cerca de lo real, que sea: “El día de las Madres”; en plural;
porque hay madres y madres; y porque cuando algo es considerado en singular, es
colocar en el mismo saco lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo; escondiendo lo
que debe quedar a plena exposición y a ojos de todos.
Se pueden tener muchas
ideas sobre el concepto; mantener las tradicionales; modificarlas a la luz de
la nueva historia de la humanidad que continuamente va cambiando y
modificándolo todo.
Enfocando el tema a las madres humanas,
decimos que madre, biológicamente,
rigurosamente, es toda mujer que ha parido uno o más hijos.
Aun tratando el asunto
cerebralmente, el que haya observado este fenómeno de perpetuidad de la vida,
en diferentes mujeres al momento de ser madres, no puede pasar por alto, que
observa que en algunos casos, luego del proceso físico, hay gran alegría en la
nueva madre; pero no siempre es así.
Hay madres en el
matrimonio, hay madres solteras, hay madres en la convivencia, y lo que es de
gravedad: hay madres por violación.
Era estudiante
universitario cuando volvía a mi casa luego de muchas horas en los salones y
laboratorios de la UNSA. Subí a uno de esos ómnibuses que hacían antes el
servicio de transporte urbano; sólo éramos tres pasajeros, antes de sentarme en
un asiento delantero observé que en el fondo del vehículo, hecha apenas un
bultito, había una muchacha que me pareció indígena; muy humilde por el aspecto
de sus ropas; tenía entre sus brazos con mucho cuidado un paquetito al que observaba con una
expresión que nunca había visto; la experiencia de la vida me enseñaría que esa
expresión corresponde al sentimiento de ternura. No podía evitar la
indiscreción de observarla mientras ella contemplaba a lo que deduje que sería
su bebé; quedé hipnotizado por un momento por aquella expresión luminosa,
extraña de felicidad.
De pronto, algo dentro de mí empezó a hervir: estaba
sola; muy humilde; en el fondo del transporte como queriendo esconderse. Yo
bajé primero y por ello sabía que ella continuaría hasta los extremos del
distrito, donde no son casas donde seguramente vivía. En mi cabeza se mezclaba
la escena que había visto; con otra del esposo con ella, o el padre del bebé,
que no se forman solos; con su familia todos en felicidad; en un mejor
vehículo. Largo rato me duró aquello; yo era un muchacho que iba a la
universidad con el objetivo de prepararme en una profesión que me permitiera un
trabajo mejor remunerado que los de las masas.
Las heridas en el cuerpo
dejan cicatrices que nunca se compararán con las que quedan en el alma; porque
las arrugas de la vejez pueden hacerlas olvidar; pero jamás las que quedan en
el espíritu.
Las hembras humanas, no
son las únicas que son madres en la naturaleza, de acuerdo a la opinión dada;
luego se podría decir que no hay mérito especial, diferencial en ello, respecto
a los demás animales de igual método de reproducción. En los videos del
Internet, podemos constatar, los ejemplos infinitos de partos, como etapa final
para ser madre. ¿Existe algo diferencial entre las hembras de los animales o
mujeres que tienen hijos, para considerarlo meritorio?
Una cosa es sembrar una
semilla y otra cultivarla. La siembra es cuestión de minutos; el cultivo lleva
semanas, meses, años, lustros, décadas. Pero si no se cultiva, no hay garantía
de que la semilla se convierta en algo de valor.
Por ello, hay madres y
madres. Realmente la mayoría de ellas dan su salud, sus energías, sus vidas
para que sus hijos vivan. La naturaleza las dio como primera y última instancia
para la perpetuidad de la vida. Desde que conciben, pasando por el increíble
periodo de paciencia para contener al nuevo ser tantos meses; el dolor del
parto y los más duro, casi calvario: la crianza, hasta que puedan valerse por
ellos mismos.
Para qué hablar de las
irresponsables; de las cabezas cavernosas, oscuras de inteligencia.
En los hogares de familias
completas, socioeconómicamente afortunadas, todo será alegría; donde se podrá
ver el efecto de la publicidad de los comerciantes para ganarse alguito con sus
ventas de productos para el momento.
En la mayorías de familias
se pasará un día, si no de plena felicidad, de serenidad; las gastronomía
peruana de moda en el mundo, saldrá a relucir en las mesas; no faltarán algunos
licores, no abundantes o quizás nada como en otros tiempos. Pero habrá hijos
que felicitarán a las mamás; las agazajarán.
Los cementerios también se
colmarán de personas que rinden culto a
las madres que ya no están. Donde siempre será conmovedor, ver arrodillados en
una tumba de tierra, a niños, niñas que rezan, que perdieron a sus mamás
tempranamente. A ellos me gustaría
decirles, que la vida, que el tiempo que todo lo cambia, no se estanca allí;
que algún día serán adultos y serán madres y padres; y en sus espíritus nacerán
nuevos sentimientos; que la vida es así, que cuando es dura, injusta, nos
enseña a saborear intensamente lo que aún nos queda, lo nuevo bueno.
Más, ¿los hijos de las
violaciones, que las falsas, hipócritas morales, presionan para que existan;
morales simplemente basadas en criterios
de algunos humanos? Es un tema temible,
pero que no debe postergarse. Los hijos llevan genes de los padres y por ello
son muchas las posibilidades de que sean como ellos finalmente.
Finalmente, las madres
desventuradas. Hay parejas que se forman con ilusiones de una vida normal; pero
algo sucede, cuando ya con hijos, el esposo pierde su trabajo, no encuentra él ni muchos, otros trabajos, ni
por horas, ni por días; y todo se hace cuesta arriba, cuesta arriba. Alimentar,
vestir a los niños, enviarlos a la escuela para que aprendan un oficio, una
profesión que les permita cuando ya adultos vivir sus propias vidas, creando
familias. Ante la ira del hambre, de no tener ingresos por más que se les
busque, ver a la familia hambrienta, surgen las peleas; en la desesperación se
tiene la primera idea negra para sobrevivir: robar. No sólo el padre lo hará,
lo harán los hijos porque se ha creado un nuevo universo para ellos; y así
otras familias. No se es ciego para desconocer que una de las causas de la
delincuencia es la pobreza extrema; sin solución diferente a la cárcel que no
cura; a menos que se implante a fondo la recuperación del ladrón, no del
asesino. El que se volvió ladrón, y volvió ladrones a la familia entera, antes de ello
tenía una profesión que no le sirvió; cómo pensar que los hijos con profesiones
honradas podrán vivir en la ley. No sólo en el Perú, en cientos de países hay
madres desventuradas; abandonadas a su sobrevivencia que suelen encontrar fuera
de la ley. ¿Los Estados no podrán hacer nada? ¿Es estéril la civilización que
aún contiene las leyes de la selva; de que sólo el más fuerte, el más
despiadado tiene buena vida?
Por todo lo anterior, no
tengo mucha convicción, en el día de las
madres, mejor decir a secas, ¡Feliz día madres!
Ω




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