Qué incomprensible, para la racionalidad humana, es la fidelidad de los perros. Para los
humanos, que tienen por primeros enemigos a los de su propia especie; con odios
por los de razas, culturas, estados sociales diferentes; pero que no dudan en
explotarlos, exponiendo como legitimidad: “superioridades”.
Incapaces de
convivencias, respetos a las diferencias, reconocimiento a la complementaridad
en las sociedades—El empresario necesita a los trabajadores para sus
realizaciones económicas; lo necesita para sus inversiones y consumo de los bienes;
el trabajador, necesita de los empresarios porque estos no pueden crear
empresa; el auténtico trabajador no es
creador de empresa, sería empresario; pero sin ellos, las empresas no funcionarían.
La misma característica, que lo diferencia de los lobos, que
lo llevó a buscar amistad con el humano, lo hace sufrir, lo mata; pero no
renuncia a ese sentimiento admirable, desconcertante, de este animal, superior
a los humanos.
¿En qué categoría de amor se puede ubicar a este sentimiento
de los perros? ¿No existe?

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