martes, 24 de marzo de 2015

LAS DIFERENCIAS DE LAS DISCORDIAS






LAS DIFERENCIAS DE LAS DISCORDIAS 

Todo animal—no se sabe de los vegetales—, siente recelo por los que son diferentes, de algún modo, a él. La sola diferencia—especialmente física, en los humanos—, despierta temores, si los ve más fuertes o numerosos; despierta desprecios, si los ve  como inferiores; o algunas veces simpatías, dependiendo del espíritu, del pensamiento, de la experiencia del motivado; por ejemplo ante una joven bella en sus rasgos, aunque sea de otra raza y esté finamente vestida; en todos los casos, siempre hay reacción de antipatía, temor; rara vez de simpatía en los primeros momentos. Todo ello por el instinto de sobrevivencia. Lo desconocido puede ser peligroso; de lo conocido, ya sabemos.
Son las diferencias lo que genera la agresividad. El que se baña con frecuencia y usa colonias, perfumes, siente desprecio por los que no lo hacen; la vestimenta rica, igualmente, genera sentimientos de superioridad y con ello el desprecio o despotismo. Jamás se razona, ni se aceptaría, de que la riqueza, que el lujo, son generados por la pobreza, por la miseria de millones, para que pocos sean demasiado ricos.
Esto siempre fue así, y lo será por muy largo tiempo y en todos los espacios donde de alguna forma haya diferencias. Sólo una cultura—un chip en los cerebros desde niños, como los hacen las religiones, las clases sociales, las familias—, sólo hace falta una enseñanza de valores comunes, en lo esencial, para evitar las confrontaciones, hasta violentas; en comprensión, que en una sociedad debe haber el respeto a las diferencias, no necesariamente simpatías, única manera de vivir en paz, en libertad, en seguridades; en complementación, por ejemplo entre empresarios y trabajadores; entre sus clases sociales; porque ya no volverán las esclavitudes y estas clases son económicamente complementarias.
Existen humanos, en todos los tiempos, que nacen con los instintos de los guerreros, y pareciera que su único afán es la lucha, la guerra permanente, las conquistas y expansiones territoriales, y son bien usados por otras fuerzas sociales. Mientras estos antisociales, tengan poder, no habrá paz, no habrá libertad ni seguridades para la gente de paz, para la realmente civilizada. Ya un militar, guerrero natural, sin hipocresía, decía, en pleno campo de combate, con muertos, heridos, olor a pólvora, sangre y gemidos: “Perdóname dios mío pero esto me agrada”.
Una sociedad, una cultura, una civilización, sólo vivirá en paz y libertad, seguridad, por mucho tiempo, cuando los violentos de algún modo, estén en número inferior y sean menos fuertes que las mayorías de humanos, decididos, a vivir  en una sociedad para estar en paz, estar en plena libertad; sin totalitarismos, sin dictadores, sin libertinajes del poder económico.
Todas las causas de las antipatías, no son conocidas; cuando lo sean, tal vez, las civilizaciones sean mejores en ese sentido de paz y libertad, con pan para todos.



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