LAS DIFERENCIAS DE
LAS DISCORDIAS
Todo animal—no se
sabe de los vegetales—, siente recelo por los que son diferentes, de algún modo,
a él. La sola diferencia—especialmente física, en los humanos—, despierta
temores, si los ve más fuertes o numerosos; despierta desprecios, si los ve como inferiores; o algunas veces simpatías,
dependiendo del espíritu, del pensamiento, de la experiencia del motivado; por
ejemplo ante una joven bella en sus rasgos, aunque sea de otra raza y esté
finamente vestida; en todos los casos, siempre hay reacción de antipatía, temor;
rara vez de simpatía en los primeros momentos. Todo ello por el instinto de
sobrevivencia. Lo desconocido puede ser peligroso; de lo conocido, ya sabemos.
Son las diferencias
lo que genera la agresividad. El que se baña con frecuencia y usa colonias,
perfumes, siente desprecio por los que no lo hacen; la vestimenta rica,
igualmente, genera sentimientos de superioridad y con ello el desprecio o
despotismo. Jamás se razona, ni se aceptaría, de que la riqueza, que el lujo,
son generados por la pobreza, por la miseria de millones, para que pocos sean
demasiado ricos.
Esto siempre fue así,
y lo será por muy largo tiempo y en todos los espacios donde de alguna forma
haya diferencias. Sólo una cultura—un chip en los cerebros desde niños, como
los hacen las religiones, las clases sociales, las familias—, sólo hace falta
una enseñanza de valores comunes, en lo esencial, para evitar las
confrontaciones, hasta violentas; en comprensión, que en una sociedad debe
haber el respeto a las diferencias, no necesariamente simpatías, única manera
de vivir en paz, en libertad, en seguridades; en complementación, por ejemplo entre
empresarios y trabajadores; entre sus clases sociales; porque ya no volverán
las esclavitudes y estas clases son económicamente complementarias.
Existen humanos, en
todos los tiempos, que nacen con los instintos de los guerreros, y pareciera
que su único afán es la lucha, la guerra permanente, las conquistas y
expansiones territoriales, y son bien usados por otras fuerzas sociales. Mientras
estos antisociales, tengan poder, no habrá paz, no habrá libertad ni
seguridades para la gente de paz, para la realmente civilizada. Ya un militar,
guerrero natural, sin hipocresía, decía, en pleno campo de combate, con
muertos, heridos, olor a pólvora, sangre y gemidos: “Perdóname dios mío pero
esto me agrada”.
Una sociedad, una
cultura, una civilización, sólo vivirá en paz y libertad, seguridad, por mucho
tiempo, cuando los violentos de algún modo, estén en número inferior y sean
menos fuertes que las mayorías de humanos, decididos, a vivir en una sociedad para estar en paz, estar en
plena libertad; sin totalitarismos, sin dictadores, sin libertinajes del poder
económico.
Todas las causas de las
antipatías, no son conocidas; cuando lo sean, tal vez, las civilizaciones sean
mejores en ese sentido de paz y libertad, con pan para todos.
Ω
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