LA EXTINCIÓN DE LAS ESPECIES
Tal vez desaparezca, en la historia del universo, el
planeta Tierra, sin que haya existido un filósofo, un científico que haya
concebido una idea de por qué existieron los seres vivos.
Sólo se conoce que existieron en millones de especies,
razas; adaptables a los cambios climáticos. Unas sobrevivieron otras
desparecieron dejando el esqueleto de sus huellas.
El ser humano, su especie, con sus razas, parece que apareció
tardíamente en la historia de su planeta. Igual y diferente a los animales a
los cuales, según los científicos, pertenece.
Igual a los animales en el sentido de ferocidad para
sobrevivir, depredando a los demás; pero con la más grave acusación para muchos
elementos de su especie: también es depredador de su propia especie, especialmente
explotador de unas razas por otras.
Diferente a los animales, porque en muchos de ellos, a
través de su historia, se da en sus corazones y sus cerebros, un concepto de
ser civilizado; es decir, que no considera enemigos a los de su especie; sino que puede
sobrevivir sin genocidios, sin asesinatos; en mutuas protecciones.
Se observa que los humanos pueden decidir con el
cerebro—razonamiento—; con el corazón—sentimiento de amor en general—; y con el
hígado—odios, despotismos, agresiones.
Para algunos humanos, el estado, como el del
rinoceronte, es tremendamente sobrecogedor; porque el cerebro les dice de un
ocaso semejante para los humanos en la historia del universo; y para el corazón
hay piedad, ternura, impotencia; hasta rabia contra el fenómeno de la vida, que
no se comprenden, simplemente son así; un caminar sin rumbo, sin objetivos.

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