Tantas veces se hacen afirmaciones
a la ligera, superficiales, ajenas a la realidad.
El mundo andino, el
indígena milenario, es aun desconocido para todos los peruanos. Los profesores
que hayan trabajado en las escuelas indígenas, siendo costeños, y observadores
por necesidad, conocen bien las razones por las cuales las mujeres, en este
caso concreto, son más analfabetas que los varones; no deseándolo, no aceptándolo;
pero sufriéndolo.
En la historia de la
humanidad, siempre se consideró que es el macho, el varón, el que debía salir del
hogar para cazar, hoy va a trabajar; todo ello para la sobrevivencia familiar.
En Perú, sus poblaciones
son mayormente indígenas, de cultura no sólo de siglos sino de milenios y casi absolutamente
de economía agraria; hoy con un agregado de pecuaria. Como un observador decía:
“El indígena de la sierra nace con tierra agrícola en la sangre”. Tal es su
necesidad y su amor por ella.
En esta mayoría de
población peruana, aun poblando las sierras, que se despueblan por la intensa
inmigración interna, favorecida en el primer gobierno del Apra o señor García,
para devolver favores electorales, la economía es agraria. Cultivan sus
parcelas, crían sus ganados.
Una vez sembrada la
tierra, les queda tiempo; ya que el cultivo es periódico; hasta las cosechas y
la nueva preparación de las tierras.
Pero lo encadenante es la crianza del ganado: TODOS
LOS DÍAS debe sacárseles de los corrales para llevarlos a las zonas de
pastoreo; cuidarlos o pastearlos y por las tardes; empezando la noche, las regresa a los
corrales; les dan de beber…
Los varones, luego de las
siembras y dejada a responsabilidad de la familia las tareas del campesino, van
a las ciudad a buscar trabajo.
Los hijos van a la
escuela, al colegio, y…comienza el problema. ¿Quién cuida el ganado? Se decide,
y como se dice: “Machistamente”. Porque en esta cultura, que ya va cambiando,
muy lentamente, hacia la occidental; se considera también que es el macho el
que debe salir a buscar la sobrevivencia, porque no es propio que lo haga la
mujer, expuesta a peligros mayores.
En la actual cultura
occidental, evolucionada, todos estos conceptos han cambiado, hasta radicalmente.
Sin entrar en esas discusiones, en el universo campesino, se decide porque sea
el varón o los varones que asistan a la escuela, se hagan profesionales;
mientras las mujeres, para “inevitable” matrimonio, donde decidirán su destino,
se pueden dejar para “después”.
Los profesores rurales,
forasteros, costeños o criollos, como les llaman, pueden dar testimonio de las lágrimas
de las niñas que no van a la escuela por esas razones. ¿Quién cuidaría de los ganados?
¿Los politiqueros idealistas? ¿El Estado con una estructura educativa
específica para esas realidades? ¿Los parlamentarios regionales con proyectos de ley elaborados por costosos
asesores?
Todo problema tiene una
solución desconocida; qué se puede
encontrar, si se ablandan las neuronas; sino se es rígido en el actual y mediocre
sistema educativo; donde se da la misma orden, reglamento, para todo el
territorio; olvidando que tenemos costas, sierras, y selvas; cada subregión con
sus características, que el burócrata no conoce, sólo es totalitario; mientras
tenga un trabajo vitalicio; no meritocrático.

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