viernes, 7 de marzo de 2014

El Caso Carmen Omonte y Semejantes

EL CASO CARMEN OMONTE Y SEMEJANTES

La flamante  Ministra de la Mujer, debería estar informándose de la actualidad en su ministerio, y planificando con los viceministros y demás burócratas una excelente gestión; resolviendo problemas y creando situaciones superiores para las medias naranjas.
Sin embargo, está defendiéndose de la andanada de piedras arrojadas contra ella, especialmente de manos de políticos. ¿Qué es lo que está sucediendo y porqué?
Cuando leemos en algunos letreros: ‘prohibido el paso propiedad privada´, o ‘zona militar no ingresar, alejarse´, ´baño para mujeres´´, etc., sabemos claramente lo que tenemos que hacer.
Todos los cargos en el Estado o instituciones públicas, deben estar bien definidos en cuanto sus funciones, así como los perfiles de  los  del burócratas de turno, o los desgraciadamente vitalicios. Esto es responsabilidad de la institución dadora de leyes: El Poder Legislativo. Todo funcionario público, ministro, y otros,  a semejanza de en el mundo de la empresa privada, deben conocer perfectamente cuales son sus funciones, sus límites en ellas.
¿Tan escondidas están las leyes que recién se desentierran, después de las metidas de pata, voluntaria o involuntariamente? ¿Por qué no se le informa, en un manual, por ejemplo a la ‘primera dama’ qué es lo que no puede hacer? ¿Por qué todos los parlamentarios no están enterados, cuales son los requisitos legales para ser burócrata? No somos ingenuos, en las aguas revueltas viven los peces políticos y también es comidilla, bocadillos para los medios.
Es correcto seleccionar los mejores ciudadanos para los cargos de Estado, especialmente que ahora tienen una jugosa y discutida remuneración. Se busca a los de éxito personal, profesional; pero, sino es una inconsistencia, una incongruencia, los exitosos personajes puede estar como proveedores del Estado y cuando son elegido para las funciones caen en el pecado atroz del ´conflicto de intereses´. No es pecado equivocarse, por ignorancia, una o dos veces y no más; pero es el poder Legislativo el responsable de diseñar las leyes y reglamentos que regirán las acciones del ejecutivo otras instituciones estatales. Si no es así, pues debería ser: el Legislativo da los marcos, el Ejecutivo los materializa.
Lo demás no es sino celo, más bien envidias simples, entre políticos no beneficiados; o tremenda falta de una clara estructura en el actual Estado peruano, que no servirá de base para la evolución social de la cultura peruana.


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