EL CASO CARMEN OMONTE
Y SEMEJANTES
La flamante Ministra de la Mujer, debería estar
informándose de la actualidad en su ministerio, y planificando con los viceministros
y demás burócratas una excelente gestión; resolviendo problemas y creando situaciones
superiores para las medias naranjas.
Sin embargo, está
defendiéndose de la andanada de piedras arrojadas contra ella, especialmente de
manos de políticos. ¿Qué es lo que está sucediendo y porqué?
Cuando leemos en algunos
letreros: ‘prohibido el paso propiedad privada´, o ‘zona militar no ingresar,
alejarse´, ´baño para mujeres´´, etc., sabemos claramente lo que tenemos que
hacer.
Todos los cargos en
el Estado o instituciones públicas, deben estar bien definidos en cuanto sus funciones,
así como los perfiles de los del burócratas de turno, o los
desgraciadamente vitalicios. Esto es responsabilidad de la institución dadora
de leyes: El Poder Legislativo. Todo funcionario público, ministro, y otros, a semejanza de en el mundo de la empresa
privada, deben conocer perfectamente cuales son sus funciones, sus límites en
ellas.
¿Tan escondidas están
las leyes que recién se desentierran, después de las metidas de pata,
voluntaria o involuntariamente? ¿Por qué no se le informa, en un manual, por
ejemplo a la ‘primera dama’ qué es lo que no puede hacer? ¿Por qué todos los parlamentarios
no están enterados, cuales son los requisitos legales para ser burócrata? No
somos ingenuos, en las aguas revueltas viven los peces políticos y también es
comidilla, bocadillos para los medios.
Es correcto
seleccionar los mejores ciudadanos para los cargos de Estado, especialmente que
ahora tienen una jugosa y discutida remuneración. Se busca a los de éxito
personal, profesional; pero, sino es una inconsistencia, una incongruencia, los
exitosos personajes puede estar como proveedores del Estado y cuando son elegido
para las funciones caen en el pecado atroz del ´conflicto de intereses´. No es
pecado equivocarse, por ignorancia, una o dos veces y no más; pero es el poder
Legislativo el responsable de diseñar las leyes y reglamentos que regirán las
acciones del ejecutivo otras instituciones estatales. Si no es así, pues
debería ser: el Legislativo da los marcos, el Ejecutivo los materializa.
Lo demás no es sino
celo, más bien envidias simples, entre políticos no beneficiados; o tremenda
falta de una clara estructura en el actual Estado peruano, que no servirá de
base para la evolución social de la cultura peruana.
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