No son iguales las células musculares o miocitos; que las
cerebrales o neuronas. Hay enorme diferencia en sus estructuras, en sus funcionamientos y objetivos.
Sin embargo se piensa— más bien se plagia de otros países, o
mejor se copia—, que entre otros puntos,
al enseñar más horas, se obtendrá una mejor producción. No sólo se aumentan las horas semanales, sino que se extienden a
los hogares con las tareas, de todos los cursos; especialmente los de ciencias
y entre ellos la poco simpática Matemática por su enseñanza teórica, académica,
idealista; más que el enseñar una matemática aplicada, como calcular: “cuántos
galones de pintura se requerirán para pintar la pared delantera de la casa que
mide 10 metros por 2 de altura a 40 metros cuadrado por galón”. Los estudiantes
que requieran de altas matemáticas para sus profesiones están en pequeño
porcentaje y ellos si deben tener una
formación diferenciada; no la masa.
Se piensa que el estudiante es un obrero fabril o un
jornalero del campo; mientras más horas trabaje, más producción. Esto es válido
para el trabajador que usa el músculo o la insensible máquina; no para el
trabajo mental, no para el trabajo neuronal, para el aprendizaje. Todos los
obreros o jornaleros, pueden ser iguales en los rendimientos, pero no todos los
estudiantes lo son; porque para el trabajo mental, cada alumno o alumna son
únicos.
No es necesaria la especulación idealista; la realidad está
en las estadísticas; el país—Finlandia—, de más altos rendimientos académicos
no es el que tiene más horas de estudio; sino un plan de estudios con
contenidos pragmáticos; con mucho trigo y muy poca paja; sin tareas a la
peruana.
En Perú ¿realmente se
está superando el sistema educativo que continúa con exageradas tareas para el
hogar? Se les ha disminuido un mes de vacaciones a los alumnos de la básica, ¿se
tienen ya frutos? ¿No necesitan más descanso mental los estudiantes? ¿practicando
actividades fuera de las escolares para tener una niñez feliz?
En Perú, aún no se tiene la piedra filosofal de la
educación; más bien son varias piedras en los zapatos que no dejan caminar y
dañan.
Ω

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