A VECES LÁGRIMAS, A VECES RISAS
Basta ver a los pequeños observando espectáculos de
competencia, para que se alegre el corazón si ríen por los triunfos, no pocas
veces llegando a la euforia; o se nos parta cuando pierden sus favoritos. Ellos
no esconden los sentimientos como los adultos; por ello hay que educarlos para
que sepan vivir plenamente los ratos de gloria y nunca pierdan la esperanza en las
derrotas; que ambas formas siempre nos afectarán. La vida es así, no de otra
manera.

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