NO HAY SEPARACIÓN DE PAREJA SIN PROFUNDO TRAUMA
Uno de los factores en el fracaso en la
relación de pareja, es que, principalmente en la cultura occidental—que se
globaliza—, la decisión de la relación queda como única responsabilidad,
en la pareja; la opinión de terceros no cuenta; y precisamente, es esta opinión
la que solía reducir estas rupturas. Difícil de aceptar ya en la psicología de
las mayorías en las nuevas generaciones.
Dicen que el amor—sentimiento, emoción, pasión complejos—;
es ciego. Realmente, esta fuerza no razona para nada; el instinto de
reproducción tiene poderoso vendaje; para natura lo importante es la
reproducción; algo que el humano burla y se queda con el placer sexual, desligándolo
de su objetivo final; donde el amor no es
sino un néctar muy dulce, pero de corta duración, que suele desvanecerse rápido
o lentamente. Este mismo error, lo han experimentado todas las grandes y
pequeñas culturas, terminando por desaparecer; luego de que las relaciones sexuales
degeneran sin controles; en libertinajes que alarmantemente se pueden observar
ahora en el mundo entero. Hasta los niños, especialmente las niñas, sufren un
despertar sexual demasiado pronto y esto, como parte de la actual cultura del
libertinaje social.
En muchas culturas; la opinión de la familia,
intervenía en la formación de las parejas; y los casaderos confiaban plenamente
en el juicio de los padres. Nadie más que ellos sabían del carácter de sus
hijos; sabían que no debía unirse una persona desordenada con otras rigurosa en
la limpieza y el orden; que no eran bueno unir dos personas de profundas
diferencias culturales, especialmente de gustos; nada repele más que las
diferencias; los amigos lo son por tener gustos, hasta intereses semejantes.
Si la ruptura de pareja, sin hijos, es tremendamente
traumática, a ello hay que sumarle, en el caso de hijos de por medio, que es realmente dramático y tantas veces, trágico.
No sólo los “especialistas”, deben tratar el
tema; porque no debe seguir creciendo; buscar las reglas importantes, en este
complejo caso personal, familiar, social, de toda la humanidad, para que esto
cambie hacia formas de una feliz decisión.
Cuánta rabia da, cuando, después de tiempo perdido, con hijos presentes, se hace
insoportable el seguir conviviendo, especialmente por las diferencias
culturales, de carácter y otras; quedando todo el ser herido; ya no se es joven;
pero el sabio tiempo, de alguna manera cura las heridas del cuerpo y del alma;
siempre habrán nuevos caminos que recorrer y construir; sólo requiere de
paciencia ,carácter; y, hacer cosas; muchas cosas diferentes; nuevos espacios,
nuevas personas; que nadie está sólo en el mundo con el problema; y el coraje
que grita o debe gritar autoritariamente: ¡date una segunda oportunidad, o
tercera! ¡Sigue viviendo!
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