EL ESTADO DEUDOR DE LOS MAESTROS: UNA DEUDA IMPAGA, SE
CONVIERTE EN IMFAMIA
Ha pasado ya un cuarto de siglo, desde que el Estado
peruano, con sus diferentes gobiernos, no cumplieron con la ley, en el caso de
“30% del total de salario por preparación de clases”. Si bien se dio la ley, nunca se cumplió, se
mantuvo ajena al maestro con complicidad de la dirigencia del sindicato—los
administrativos fueron los primeros en beneficiarse calladamente; haciendo
extensión de lo que sólo era el derecho para los maestros de aulas—. Las
razones de impagos por los sucesivos gobiernos, fue la de la falta de liquidez
en el arca fiscal—dineros que nunca faltan para las corrupciones.
Hoy se reconoce, en el mundo entero, que la economía
de Perú flota, mientras otras se sumergen; que se deben aumentar los gastos
fiscales, recomendación de las entidades máximas para que la economía de Perú
no siga desinflándose y termine por hundirse.
Los maestros enterados del beneficio, al no poder
administrativamente cobrar el derecho, recurrieron a la demanda judicial; onerosa,
por el contrato de abogados. Después de
años de litigio y gastos del pequeño salario del maestro, y luego de sus
pensiones, cuando la ha conseguido, el poder judicial resolvió a favor de los
maestros; pero la respuesta—siempre y hasta hoy—, de parte de las autoridades
locales y nacionales, es la de siempre: “no hay dineros”; aun reconociéndoles
lo que la ley manda.
El desacreditado sindicato—mejor dicho, su dirigencia,
ante la pasividad de los maestros; por ser de naturaleza política; de izquierdas—,
el sindicato ha perdido fuerza ante la opinión pública, que no opina nada
defendiendo, a los que bien o regular, introducen a sus hijos a la cultura, a
la sociedad donde viven.
Existen maestros adeudados, cesantes, jubilados y aun
ya desaparecidos, que no gozan del derecho resuelto por el poder judicial; se
deja pasar. Si esto no es infamia, habría que buscar otra que triplique su
significado.
Las pensiones de los maestros en sus dos leyes, es
insuficiente para existir en la actualidad. Lo adeudado irá al mercado, como
consumo, para pagar los préstamos; pero también como capital de pequeña
inversión en los que aún tienen fortalezas.
Señores del gobierno todo—del de hoy, no del mañana o
indefinidamente—, ya es momento de saldar la deuda del Estado con sus más
numerosos trabajadores; nunca será mejor empleado los dineros de la deuda, como
en las actuales circunstancias, que dicen, de enfriamiento económico.
Existen formas de la cancelación: por partes; por
bonos del Estado; u otras formas que cierren la ignominia del Estado, de los
gobiernos, de la sociedad toda contra sus maestras, contra sus maestros;
especialmente los de tercera edad.
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