Toda acción
es una reacción ante un estímulo.
Ninguna
especie animal en la naturaleza es más conflictiva que la humana; razones
raciales; culturales; sociales; familiares; son algunas de las causas. Los
individuos que anhelan el convivir en paz,
son las mayorías, pero sin poder
para el control. Allí están las invasiones de unos países por otros, con
razones de hegemonías políticas, militares, religiosas, finalmente económicas.
Siempre existen razones para la agresión y la respuesta; con los consecuentes
daños, perjuicios, materiales y especialmente morales; pero también de enormes
beneficios cuando las agresiones son planeadas. En el caso de las desavenencias
en las familias, no sólo daña a los involucrados, sino también a los elementos
de sus entornos; a los hijos, a quienes el tema les suele definir sus destinos.
Cómo llegaron al estado negativo del enfrentamiento,
no sólo verbal, sino moral y físico; las parejas que les costó relacionarse,
que pasaron momento del denominado amor, con las esperanzas de la
correspondencia y todo eso, para finalmente, luego de las experiencias de la
vida, estallar una y otra vez, por diferencias escondidas.
El
porcentaje creciente de los casos de agresiones en el hogar, hacen pensar que
las estructuras morales, tradicionales de comportamientos, para muchas persona,
no van más. Las parejas felices son cada vez menos. Y algo peor, que las
caricias hayan pasado a daños, es que hay inocentes involucrados; porque a
pesar de que los hijos sólo necesitan estar algo de 18 años al amparo de los
padres, suelen quedar estigmatizados por mucho tiempo o toda la vida; porque la
seguridad de su alimentación, vestido, vivienda, salud, educación, son
perturbados.
Sobre este
estado de cosas, en cantidades crecientes, qué hacer. Las conductas humanas son
cumplimientos de normas puestas en los cerebros desde niños, por las
tradiciones, la educación familiar, y por la religión; pocos actúan de otras
maneras, siendo esto característica cultural de los pueblos.
“Es
preferible perder la cola y no la vida”, pensaba una zorra para escapar de una
trampa. Claramente se puede concluir que cuando una relación de pareja no va
más: deben superarse las tradiciones, las morales religiosas, para que cada
individuo siga un camino que puede ser otra oportunidad de ser felices, en
otros espacios, tiempos, con otras personas. Sólo se vive una vez, y aun esta
única vida, en cuanto a juventud e interés por vivirla, es corta; lo mejor se
queda en la juventud.
Los peruanos
como país, tienen orígenes culturales que se han mezclado y no siempre para bien.
La relación de parejas, no era lo mismo en la cultura sencilla del
Tahuantinsuyo y en la posterior por conquista, la europea, española, cristiana,
católica. Par la relación de pareja en
la antigua cultura indígena existía el concepto de “servinacuy” o matrimonio a
prueba, antes del definitivo. La esposa que no pasaba el “examen de esposa”,
era devuelta a su comunidad, a su familia, para prepararla mejor o buscarle
otro esposo adecuado a ella. Sorprende la racionalidad de este método. En la
cultura cristiana, católica, se sostiene que la relación es “Hasta que la
muerte los separe”. Fuente de atrocidades, como en los casos de Enrique Octavo
de Inglaterra; o “Aunque me mate, aunque me golpee, es derecho de mi marido”;
expresiones de los matrimonios indígenas con moral cristiana, católica.
No hay dioses
por encima de los humanos; éstos son los creadores de los que les atañe; con
astucias más de las veces para favorecerse y vivir a costa de las mayorías. Si
los humanos hacen y deshacen las leyes; para el caso de los desafortunados
matrimonios o relaciones de parejas que no podrán dejar de agredirse, hasta gravemente,
no queda más que la separación definitiva; sin más discusiones de orgullo
heridos, venganza por los errores propios en la elección de su pareja. Con
estipulaciones en las leyes para proteger al más débil, especialmente
asegurando la nutrición, vestido, vivienda, salud, educación para el trabajo de
los pequeños y jóvenes que dependerán de los padres hasta su independencia, su
mayoría de edad.
La ética, el espíritu de civilizado lo demandan.
Ω


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