Salvo el
apéndice, la naturaleza no hace cosas de más. Todo está fríamente calculado,
aun para el verano.
Entre muchas
cosas, el verano significa algo más que el enmorenamiento de la piel; que
muchas personas suelen evitar.
No sólo el
tostarse es consecuencia de pasar el verano, no sólo es las playas, sino
también en el campo; claro que nunca se quema más la piel que en las playas, el
mar; pero también hay una suma de peso, por lo que se come y bebe. Hay bailes
en las noches; se bebe cerveza helada; es decir, los veranos en la playas
suelen ser a todo dar, o también se reposa mirando esas infinitas arenas, con
olas que dormidas llegan a las orillas.
Quién no
tiene crónicas de sus vacaciones, largas o cortas en alguna playa; con familias,
amistades. Quién no recuerda sus primeros años en las arenas; las revolcadas de
las olas; esto de niños; ya mayores, se suspira al recordar las idas del sol,
mirándolas acompañados, tantas veces a solas.
Pero, ¿no es
por instinto que bajamos a las playas a tostarnos? Claro que los es, solo que
el humano tiene albedrío, aquella actitud y conducta de contradecir las cosas,
porque les parece que no deben ser así, por tales o cuales razones; por modas
nuevas por ejemplo. A no todas las personas les gusta quemarse hasta perder la
piel, menos en este tiempo, que se inventan sustancia tales, que se puede pasar
un mes en la playa sin que se note.
Hay muchos
seres en la naturaleza, entre animales y vegetales, que cada ciertos ciclos,
mudan de piel o corteza; el verano, le da la oportunidad a los humanos de
cambiar de piel, al ‘quemar’ la actual y hacerle salir otra, todo sin dolor,
generalmente. Esto es lo observable científicamente, y razonable; pero el
albedrío dice otra cosa.
Los árboles
viven mucho tiempo porque renuevan sus pieles o cortezas en sus casos. Los
humanos han perdido mucho de la sabiduría de la naturaleza; pero cada quien decide
sobre su pellejo.
Ω



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