El gran Messi, falla un penal. En “la puerta del arco”, otro
semidiós del fútbol, Cristiano, no puede realizar una anotación fácil. “El
depredador”, el peruano Paolo, inexplicablemente falla goles para su propio
desconcierto. ¿Por qué los balones dan en los palos y no ingresa, como otras
tantas veces? ¿Por qué? El público se desespera y llega a perder la fe;
expresándola en tantas ideas.
Pero son los
denominados críticos, y peor los mediocres anónimos, lo que siempre soñaron con
ser brillantes jugadores, pero que la realidad les gritó en la cara sus
incompetencias para el deporte de grandes masas universales; que entregan
ingentes cantidades de dinero por ver habilidades físicas del deporte más
aguerrido y de equipo, de máquina, el fútbol de competencia, entre clubs, entre
selecciones nacionales; estos son los pacientes buitres que esperan el bajón para
soltar frustraciones. Como los buitres se abalanza sobre el caído, solo que no
es cadáver, sólo está cansado, saturado y necesita reposar, cuerpo y espíritu. Ácido
del hígado; nunca de la racionalidad; borbotea en los medios, en las redes;
pero cierran los picos cuando el jugador apaleado vuelva a lo que en realidad
es: una estrella en el fútbol; y lo máximo, los goles, suelen ser más
brillantes.
Barcelona, el fabuloso equipo europeo, queda fuera de la
competencia, aun teniendo en su estructura a los grandes de este deporte, como
Messi, Suarez, Neymar y sus compañeros que forman una orquesta bien afinada y
dirigida. ¿Qué les pasó? ¿Por qué el buen Depredador, brilla y se apaga, para
volver a brillar; para desesperación de sus compatriotas porque no alumbra
cuando se necesita?
El fútbol y los
futbolistas, pertenecen al mundo físico; y en el universo, todo es guiado por
leyes. La ley más universal es la del ciclaje: nada es constante, todo es
cíclico; y todo ciclo tiene dos polos cualitativamente opuestos. Esto es
aplicable al humano que es parte del universo; es decir: hay verano e invierno;
hay arriba, hay abajo; bueno, malo. Y algo difícil de entender para las
mayorías de mentes: no se pasa en un salto de un extremo a otro; sino por porcentajes,
alejándose de una cualidad y acercándose a la otra, para después de un periodo
volver, y repetir indefinidamente; en este proceso de oscilación hay variaciones
cuantitativas de calidad.
El biorritmo es la ciencia que estudia este objeto, que
por no ser muy clara para la razón de muchos, la consideran como “pseudociencia”,
más bien habría que pensar en “pseudocientíficos”; que abundan como yerbas sin
utilidad. No es ético, decir como la zorra fracasada, que las uvas están
verdes, sólo porque son inalcanzables para ella; debe dejarse que otras las
obtengan.
La mayor parte de los aficionados “ven” el fútbol con los
ojos de los sentimientos, y así debe ser en mayor parte, porque es de
emociones; esto lo demuestra la existencia de las “barras bravas”; el hecho de
que un muchacho va preso por muchos años, porque al emocionarse prendió un
artificial peligroso. Cuando se ve a niños llorar por las derrotas, o saltar en
frenesí, en euforias envidiables, sin frenos; se reconoce la enorme influencia
en las pasiones humanas de este deporte; quien sabe por qué razones finalmente.
No se necesita ser un científico a tiempo completo,
pagado por una universidad, o una empresa privada, para observar estos hechos
de positivos y negativos rendimientos deportivos; las estadísticas pueden
demostrarlo; con análisis de los diarios especializados en fútbol si se
estudian los 12 últimos meses del rendimiento de jugadores.
Finalmente, lo más difícil, porque hay dineros invertidos
de por medio, está la mentalidad empresarial que sólo quiere dólares, euros o
sólidos soles en las arcas del club; ¿debe jugar el jugador cuando está en su
fase negativa y dice la ciencia que debe descansar para recuperarse, no jugar? O el empresario, los críticos observan que
para eso se les paga lo que se les paga, para que jueguen, estén como estén;
que para verlos van los públicos que dejan sus dineros, y…se vuelve a repetir
el tema.
Ω


No hay comentarios:
Publicar un comentario