En el mundo del fútbol
Sudamericano, hay bastantes profesionales, jugadores, entrenadores, periodistas,
otros, que han actuado en Perú, y se preguntan qué pasa realmente con el fútbol
pícaro de Perú que no levanta cabeza; y lo serio: ya décadas; lo que hace
pensar que difícilmente estará en el próximo mundial.
La responsabilidad última,
no es de los jugadores, sino de los que hacen el casting; de la pobreza de criterios profesionales o de
sus mentalidades de compadrería, argolla y todo eso que se fabrica en Perú. Los
jugadores son escogidos por el técnico de turno; cuando este se hace imponer
por las fuerzas negativas del fútbol en Perú, es cuando se tienen malas,
pésimas cosechas.
Y ahora: ¿Quién podrá
salvar al fútbol de Perú? Cómo empezar, que las pataletas no son medicina. ¿Se exagera
en los temores de estar otra vez impedidos de ir al campeonato máximo, entre
países? Una cosa son las posibilidades, otras las probabilidades.
En la tecnología,
metodología de las computadoras, cuando un programa no va más, simplemente se
le formatea, y se comienza de nuevo, con todo lo aprendido como maestro. Sin
olvidar que los poderes en el fútbol
peruano, son como cánceres de ramificaciones y adherencias increíblemente
sólidas para el mal; para lo de poco nivel o categoría; debe pensarse en revolución en este fenómeno social
deportivo llamado fútbol; fuente de alegrías, origen de tristeza, hasta las
lágrimas; cráter de iras incobrables, por los despechos.
Las potencias mundiales de
fútbol, pueden darse el lujo de ser caseritos en los campeonatos; los peruanos,
conscientes, no esperan tanto; el estar en esos escenarios cada ciertos
campeonatos, les es racional; por ejemplo en Rusia 2018.
Ω



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