Primero de Mayo: el día en que se recuerda que el reclamo
por justicia laboral, la protesta por las arbitrariedades, fuera ensangrentado
por el poder egoísta, codicioso, de vanidad
y soberbia. Sólo se exigía tener derecho a una jornada racional, un
salario en justicia, medios ambientes de trabajo para humanos.
Se exigía el reconocimiento por el Estado, el gobierno, las
clases empresariales, la sociedad toda, que los trabajadores, hombres, mujeres,
niños, ancianos, eran y son humanos, y que se les debía y debe socialmente tratar como a tales.
La historia de la humanidad, como definen los socialistas o
no socialistas, no es sino la perpetua “lucha de clases”, entre clases
explotadoras y clases explotadas. Las historias de estos fenómenos sociales, en
la especie humana, son infames; donde el “derecho”, alegados por unos, nace
prehistóricamente en la fuerza bruta; luego en la astucia de los más
inteligentes sobre los ingenuos, apareciendo la religión y la política, como
instrumentos de dominación, que permitía y permite que pocos vivan hasta en
lujo, mientras otros se debaten por sobrevivir; aun en esta era de ciencia,
tecnología, empresa.
El adoctrinamiento
desde la cuna, a través de generaciones determina el privilegio de unas clases
sobre otras. Siempre se ha podido y se puede observar en la especie humana, la
composición de un porcentaje de gentes “intelectuales”, inteligentes para las
ideas; y otra de “musculares”, donde sus cualidades está en sus músculos, hábiles
para a producción de bienes; desde los más elementales como producir alimentos,
vestido, vivienda; hasta más complejos en las tecnologías derivadas de la
ciencia, como producir automóviles, barcos, aviones, electrodomésticos; así
como la poderosa herramienta palanca de la inteligencia que es la computadora.
Estas características diferenciales han sido hábilmente
explotadas por los intelectuales, para tener una vida más fácil que los que
operan directamente con los materiales de la naturaleza. Nunca ha sucedido que
el producto social, económico, haya sido compartido equitativamente. Siempre
con astucia, con dominio o influencia sobre el Estado y colocando gobiernos,
las clases ricas y con poder político, han acumulado riquezas extremas; hasta
tomar el último centavo del trabajador, con lo que torpemente se da inicio a la
recesión, depresión del sistema económico; donde como siempre llevan la peor
parte los que crean realmente la riqueza; porque el proyecto de empresa sólo es
materializado por los trabajadores en sus diferentes oficios, profesiones y que
por ello merecen mejores salarios, seguridad social, permanencia, condiciones
laborales…
En Perú, mientras las clases de poder, por su
intelectualidad, inteligencia, consiguen formar estructuras, como cámaras de
comercio o industrias, lo que les da poder político; los trabajadores en Perú,
ya por sus propias naturalezas o planeado, intrigado, por “fuerzas invisibles”,
se mantienen siempre, históricamente
desunidos. La principal razón está en la sustitución en sus sindicatos de los
líderes sindicales, por dirigentes políticos de diferentes ideologías, una más
perniciosas que otras; hasta por simples delincuentes en pos de los dineros de
las cuotas. Los sindicatos y sus organizaciones superiores, no son dirigidos
por sindicalistas, sino por viciosos políticos.
Los trabajadores del Perú, deben organizarse para vivir en
un nuevo país, dirigido por sus nuevas generaciones sobre pensamientos
diferentes a los del pasado y que aun manejan a la sociedad peruana; donde el
trabajador se eleve a la personalidad que debe tener; como uno de los elementos
del binomio en la economía, en una cultura; junto con los empresarios, como el
otro factor. Exigiendo un Estado, con leyes de justicia para todos, tanto para
empresarios en libre función, pagando sus impuestos de ley y justicia; y
trabajadores eficientes por sus adiestramientos para la producción, dirigidos
por auténticos sindicalistas, que no usan de trampolín los sindicatos y
federaciones para llegar al parlamento, como tanto inmoral.
A todas las trabajadoras, de la empresa privada, de las
instituciones estatales; a los trabajadores, del campo, de las minas, de las
fábricas; en particular, al trabajador de la microempresa, que con su habilidad
y valor, crea su propio trabajo, allí donde falla la sociedad; en este nuevo
primero de Mayo, un momento de reflexión sobre su rol personal, familiar, social.
Trabajadoras y trabajadores del Perú, sin trabajadores,
ninguna idea se concretaría: ¡Un muy feliz día!
Ω



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