El 10 que se esperaba después de los Nenes; recién empieza;
dependerá del coro de jugadores que le acompañen; pero este conjunto, dependerá
de la estructura que le dé el director técnico; a semejanza de una orquesta
sinfónica, cuya ejecución depende de cuánto el director los haya hecho ensayar;
la calidad en la actuación depende del sacrificio inteligente en los cientos de
ensayos, que el público no ve.
En última instancia la calidad de un equipo, dependerá de la
calidad de su director técnico; así como la calidad de un excelente ceviche
dependerá de la categoría del cevichero; más que del pescado que puede ser
arruinado.
El sentimiento, las emociones, las pasiones pueden pedir más
allá de las reales capacidades de jugadores o entrenador. En el fútbol, y en
todo, el sentimiento es irracional; no
siendo fácil que el frío cerebro, mente, se desligue del espíritu; sólo se pide
que toda la estructura del equipo de fútbol peruano, juegue con dignidad, con
honor, con orgullo; sin complejos de arriba ni de abajo; con la mirada
adelante; no a los pies de la humildad o complejos; no al cielo de la soberbia momentánea; mirando
la realidad que está delante de los ojos, mentón firme en la horizontal; a los
alcances de las realizaciones.
El cerebro puede entender que se pierde sólo con los
mejores, que siempre los habrá; pero como ya lo han demostrado: ¡allí hay
calidad suficiente para demostrar, quizás no superioridades, pero sí honor!

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