Sabemos que la selección peruana de fútbol, para la
clasificación a Rusia, está en coma; demasiados errores se cometieron; dejarse
empatar en casa con Venezuela, Argentina; regalar el triunfo a Chile en Lima,
por un arquero que temblaba; puesto allí ante el mal momento de gran Gallese; en
el mismo Chile, por no saturar el área defensiva. Algo que todavía se observa,
porque el entrenador tiene mentalidad de atacante y descuida que más importante
que hacer cinco goles, es que no te hagan seis; son profesionales; en fin…
Nuestra mente y corazón de peruanos—como puede sentirse en
cualquier país por lo propio—, a estas alturas de la clasificación, solo
esperaba y espera que el equipo juegue con profunda dignidad; Perú es un
pequeño país, que no inventó el fútbol, casi sin prosapia futbolística; sin embargo,
tiene ese no sé qué de picardía que no consigue aun estructurar en un sistema
de juego, en metodología, para la táctica, para la estrategia, requeridas en
una clasificación, y especialmente en los mismos campeonatos. Cuántas cebollas
por rebanar con lágrimas incluidas.
A estas alturas de la clasificación, sin mayores especulaciones,
esperábamos que con los aguerridos, fuertes y veloces paraguayos, que venía de
ganar a la Argentina en su propio patio, esperábamos que nuestros paisanos
hicieran un partido con dignidad, con honor; por mucho que deban cuidarse en su
profesionalismo por cuidar sus integridades para su trabajo con el que hacen
sus vidas; esperábamos lo dicho, algo de patriotismo, amor al país. Perder ante
el superior, pero en lucha gloriosa, y…se dio lo que nadie esperaba.
Hay jugadores de la nueva hornada que empiezan a destellar
con luces propias que deben ser guiadas por los de experiencia. Aún está el
partido en la retina; en la boca entreabierta casi con estupor; el
prácticamente aplastamiento de un equipo que no salió, en su propia casa a
regalar nada como son los paraguayos.
Todos tenemos las grabaciones del partido contra Paraguay.
No me importa el mañana, este fin de semana es peruano.

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