Para volverse realmente unitaria y poderosa, la federación
de trabajo del Perú, necesita deshacerse de las dirigencias políticas eternas;
y que los trabajadores sean dirigidos por auténticos sindicalistas.
Los auténticos sindicalistas, son trabajadores que piensan y luchan por el bienestar
general del trabajador; usan la política como herramienta, para conseguir
justos salarios, trabajo permanente, condiciones humanas de trabajo, seguridad
social, leyes laborales humanas. Los falsos dirigentes de los sindicatos, de
las organizaciones sindicales, son en esencia políticos que usan las
necesidades de los trabajadores para imponer ideologías políticas que sólo
benefician a castas de dogmáticos del poder y su dinero; a través de los cargos
en el Estado, parlamentarios, gobiernos regionales, municipalidades…
Sólo cuando el trabajador sencillo, aquel que quiere para toda
su vida, hasta su jubilación un trabajo decente, que le permita criar a una
familia sin angustias, y no ser ideológicamente manipulado; sólo cuando estos
trabajadores sepan diferenciar a un sindicalista puro de un político
infiltrado, sabrá entonces crear un movimiento obrero con poder para obtener lo
que le corresponde, como uno de los elementos generadores de las riquezas en
una sociedad, en una civilización.
En cualquier estructura, sistema económico, a través de la
historia humana, siempre han existido tres elementos en el fenómeno económico
que han permitido, permite y permitirá la sobrevivencia humana: La Empresa; El
Trabajo; el Estado. Estas fuerzas, nunca han estado en equilibrio; la
explotación de unas por otras continúa en el mundo actual; diferentes metodologías
han empleado, por ejemplo lo empresarios, para la explotación, o las dictaduras
de Estado totalitarios. Se puede resumir, históricamente el abuso del poder en
la frase: “El Estado soy yo”.
Los trabajadores, las masas, no sus dirigencias politizadas,
dogmatizadas, deben asumir la
responsabilidad personal, individual de que sin ellos las empresas no funcionan
y que si las empresas no funcionan, el Estado no existe; y que por ello debe existir
un equilibrio racional, basado en la realidad de las cosas; y llegar a la
representación universal unitaria de
ellos frente a las otras dos grandes fuerza que mantienen a una sociedad
existiendo.

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