Algo que nunca creerá la dama gringa—al igual que en las
últimas elecciones en Perú—, es que el voto que las derrotaron, una pequeñez suficiente
de electorado, fue el voto MACHISTA.
¿Machista? Pero, ¿Qué es Machismo? ¿Una categoría? ¿Es
una idiosincrasia; un característica de los machos en la especie humana?
Si machismo es elegir entre hombres y mujeres, y se
piensa que cada clase es cerrada, los hechos sorprenden al encontrar entre las
mujeres tanto o más machistas que los hombres. ¿Por qué?
Tal parece que el concepto de machismo, trasciende al
sexo.
Uno de los graves errores, manifestados en la ley, es el
universalizar, generalizar ciertos valores, como “todos somos iguales”; sin
precisar la afirmación, ya convertida en ley, o valor moral en las religiones.
Sin considerar la clara diferencia entre hombres y
mujeres, o mejor, entre hembras y machos, entre tantas, podemos referenciarnos
a los músculos, al tipo y fisiología de la musculatura de varones y mujeres. La
naturaleza los ha creado así: en última instancia complementarios.
La musculatura de los varones es de gran potencia,
fuerza, rapidez; diseñada para la lucha y sobrevivencia; para cargar grandes
masas; moverlas; pero bien observado y constatado, no es para las grandes
resistencias, donde se pone paciencia, constancia, más allá de la voluntad
misma. Y precisamente estas son las características diferenciales de la
musculatura de la mujer: no son rápidas; no son fuertes—menos mal que así lo
consideró la naturaleza, porque sino no habrían amores hasta las última
consecuencias; y no reproducción que es el mandato máximo en el universo.
Desde el comienzo de la vida humana, en familias, luego
en tribus, fueron los machos los proveedores de alimentos y seguridad; esto lo
reconocieron en primer lugar las mujeres, cuyo papel en la vida de la especie
empezó siendo heroica: una vez fertilizada, tenía que seguir en actividades con
el nuevo ser 9 meses dentro de ella; asustada porque sola, en esa condiciones
no hallaría alimento fácilmente; el ataque de las fieras; de otros humanos. Por
ello la dependencia de un macho nacía desde los primeros momentos de la
historia.
Los machos cazan a
las grandes presas, con sus fuerza; las hembras, la convierten en alimentos,
viviendas, vestido; con la paciencia infinita que suele desesperar; mientas
cuidan de los críos, de los enfermos, y de los viejos.
El hombre al darse
cuenta de ello, simplemente se aprovechó y aprovecha; a pesar de los
movimientos feministas de los cuales las mayorías de mujeres, por aquel
instinto o experiencia en el pasado, no están seguras de que las hembras deban
caminar simplemente por sus lados; sin los machos en sus vidas—claro que la
idea puede encontrarse en las lesbianas.
Siempre cabe la pregunta, observando la bellas manos de
la damas o hembras, de por qué tienen uñas tan largas, tan fuertes, si a pesar
de eso, no podrían luchar contra depredadores, ni contra los machos mismos que
pretendan abusarlas. Pero cuando se ven las peleas físicas entre hembras
humanas, da escalofríos ver cómo las usan para herirse en los rostros—nada más
dramático que la mujer se sienta fea por los zarpazos de otras por ejemplo; en
la lucha por conseguir los mejores machos, no sólo se lastiman, sino se odian;
en esto se basa la subcultura de las telenovelas.
Es decir, un enorme número, y suficiente en algunos
casos, de mujeres que deban decidir entre elegir hombre o mujer, elegirán
varón; especialmente si la elección significará liderazgo de fuerza bruta en
última instancia en la vida.
Apelando a la libertad de ensayar. Palabra de ciudadano.

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