Realmente estaba más grande, más luminosa, con tono
amarillento; por ello, por lo diferente, más hermosa. La naturaleza sabe cómo
hacerse apreciar intensamente: sale de la rutina para ser diferente, aunque
sólo sea por momentos, por unos pocos días.
Es algo así como la
gran alegría que nos produce el ver después de mucho tiempo a un ser querido,
extrañado; y por ello late más el corazón y se expresa con lágrimas muchas
veces no contenidas, no furtivas.
Para estos instantes, en el mundo violento en que vivimos y
se agrava, tendremos que aprender a que con sabiduría, abandonarnos a la
alegría, a la paz de estos instantes, y se libres, dejarnos llevar en la
felicidad que puede ser efímera pero que es real. Qué minutos tan hermosos
contemplando a la cotidiana Luna presentada de otra manera.
Ya no estaremos acá
muchos de la que la vimos, hasta que vuelva; pero qué importa: ¡Qué paz, qué
silencio tan exquisito en las penumbras del patio! ¡Qué claro de Luna tan
diferente!

No hay comentarios:
Publicar un comentario