Para los
conocedores de fútbol, que razonan con el cerebro, no con el corazón o el
hígado, que determinan las ciegas pasiones, el partido era tremendamente
difícil para los denominados “rojinegros”, por la alta calidad del equipo
brasileño.
La Libertadores, no es un campeonato local, de
barrio, de vecindario; especialmente si es en Sudamérica, donde existen los
poderosos en fútbol: brasileños, argentinos y uruguayos. Desde hace décadas, en
este conjunto, el fútbol peruano, ya de clubes o de selecciones, está en el
tercio inferior, sino en la cola, último lugar. Hay esfuerzos por recuperar el
nivel que tuvo, pero no se logra hasta ahora. Esto se refleja en los partidos
que se ejecutan a estos máximos niveles de calidad futbolística, contra equipos
de los varias veces campeones del mundo.
Claro que en
el sentimiento se esperaba, quizás un milagro, de un buen partido con resultado
positivo; pero, no se jugó contra un provinciano, sino con el límite superior
del fútbol sudamericano.
Pero, hay
otros equipos en el torneo, no tan encumbrados, más al alcance de la actual
capacidad de los equipos peruanos; dentro de un marco de realismo mental;
pueden dejarse los sentimientos para gozar un grito de gol, aunque hagan dos los
rivales. La fiesta recién comienza.
Ω

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