Todo es
cíclico en la naturaleza; el hambre o escasez, la abundancia con el
despilfarro; las sequías, las inundaciones…
La esperada
lluvia, por la preocupante sequía, llegó a Arequipa en la última semana de
febrero de 2016. No sólo llueve intensamente en las alturas del sistema de
represas—que no tienen el mantenimiento racional; porque cada gobierno de
políticos, más que técnicos, profesionales, van dejando la colmatación de cada
represa a los siguientes políticos y politiqueros gobernantes; de las administraciones
de turno; la enfermedad de siempre: no para servir a la nación, sino a sus partidos
políticos, a sus elementos politiqueros.
También ha
llovido muchas horas en la ciudad; donde el peatón o peatona, tienen que
avivarse, protegerse para no mojarse demasiado y enfermarse. Pero estas aguas
son bienvenidas, significan pan llevar, agua en las viviendas. Donde resulta
simpático observar a los pequeños de uno o dos años, ver esas extrañas y
brillantes luces en el cielo y el retumbar de algo que los hace saltar; y así
empiezan los nuevos conocimientos a formar partes de estos nuevos humanos.
“Enero poco,
febrero loco”; era la frase de los campesinos de antaño en Arequipa; hoy el
clima, por tantas razones argumentadas, va variando hacia nuevos comportamientos
de la naturaleza de los humanos, y otras especies; no les queda
más que la adaptación o la desaparición.
Finalmente:
El mantenimiento de las capacidades de las represas, debe corresponder a un
ente permanente; del Estado, no de los gobiernos que vienen y se van—con
bolsillos llenos—. Arequipa debe aumentar su batería o sistema de represas; con
aguas que bien pueden llegar hasta el río Tambo. El sistema de “Obras por
impuestos”, bien conviene a las minerías también. Pero, no se oye padre; algo
peor: “no se entiende”.
Ω



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