Perú, para
privilegio de los peruanos—debería ser para todos equitativamente—, tiene
diseminado en todo su complejo territorio ese amarillo metal, causante de
tantos dramas y tragedias en la historia de la huma humanidad; el “metal
noble”, el “patrón de oro”—concepto este que se le quiere reemplazar por el de
que ese metal “no es sino una mercadería más”, y que el papel moneda, la moneda
u otro equivalente es más importante…
Los
economistas y los que tienen que ver con el oro, como referente histórico de
riqueza, referencial monetario, o representante de ella, saben que lo único que
no se evapora—salvo robo—, cuando fracasa la economía, es este pesado metal;
por ello se recurre a él, cuando la economía empieza a enfermarse y amenaza
colapsar.
Con el
recuerdo breve del tremendo valor del oro en la economía, y siendo Perú un gran
productor, en sus tres zonas geográficas, será prudente acumular oro en sus
depósitos; no dejar que el oro de la explotación informal o ilegal salga de
contrabando en las cantidades que se llevan al extranjero, simplemente porque
no existe la política de acapararlo venga de donde venga, comprándolo a los
productores a los mismos precios en que los vende, y si son microempresarios,
sin tantas impuestos y trabas, como las que tienen ahora.
Ω

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