Lo de siempre: después de
un resultado, las opiniones son tsunami, huaycos, huracanes de ideas, sentimientos;
en todos, los que simpatizan, los que hasta odian, envidian y aprovechan para
escupir sus venenos.
La idea de “hay que ganar
en casa”, retumbaba en todos los cerebros de los peruanos y peruanas
relacionados con el fútbol. “El equipo rival no está fuerte, pasa por malos
momentos…”, “hay que ganar en casa, sí o sí”, era prácticamente la grita de los
analistas del fútbol, desde todos los medios.
Se dio el partido, con los
resultados conocidos; fríamente: se puede considerar perdida una batalla, pero
no la guerra. Las aspiraciones de un triunfo eran lógicas.
La calidad del fútbol sudamericano, hasta su
prosapia, coloca en el nivel más alto a: Brasil, Argentina y Uruguay. Luego,
últimamente: Colombia. Los demás estarían más o menos en el mismo conjunto, con
Perú casi en la planta baja; desde hace décadas. Tiempo sin cambios que
exaspera a muchos que razonan con el hígado que carece de ojos. La
investigación de por qué el futbol peruano no ocupa sus niveles históricos, no
se hace; nadie sabe las causas; sólo las descripciones de lo que se ve; nunca
cual es la enfermedad del fútbol peruano y por demasiado tiempo; que hace
estallar a los aficionados.
A los jugadores, al
director técnico y al preparador físico, nadie debe presionarlos, hasta que
termine la clasificación. Las presiones vuelven a aparecer como se hizo con el
anterior entrenador, donde los paranoicos influían en sus decisiones en plenas
clasificaciones. El entrenador debe decir a todos: “Acá mando yo”—aun
considerando esta opinión como interviniente.
Para un juicio, sobre un
partido que a todos los aficionados, dejó “la boca amarga”, hay que ser
empático para reconocer que todos los jugadores, tremendamente presionados para
el triunfo, simplemente atacaban en masa; habían momentos en que en el área rival,
parecían estar todos los jugadores del partido; no había una rendija para
enviar el balón. Esto no puede ser táctico, no desde fuera de la cancha ni
desde dentro; comenzaron las observaciones entre jugadores, veneno del anterior
campeonato.
En libre opinión, el que
conoce al fútbol peruano y al sudamericano, sabe que sin mediocampista
creativo, los jugadores peruanos especializados en sus puestos, sin mediocampo,
ellos no juegan. Por momento los peruanos parecían que jugaban hasta con cuatro
“nueves”; nadie “armaba”. Nos alegra ver que Gallese se ha recuperado y que
todos los jugadores están muy molestos con ellos mismos. El jugador europeo es
de otra psicología; el peruano requiere de jugar en su puesto y no tener los
delanteros que bajar a buscarse bola.
¡El rey ha muerto! ¡Viva
el rey! O como dicen la guerra no ha terminado; se ha perdido una batalla,
vamos por las otras a luchar para ganarlas.
Ω


No hay comentarios:
Publicar un comentario