El Poeta, habla de sí
mismo; de lo que siente, piensa. El Narrador, describe, cuenta lo que hacen los personajes de una historia.
El Poeta es subjetivo; opuesto al narrador que es esencialmente objetivo.
El poeta, o los poetas,
son personas cuyas sensibilidades son mayores que la gente común; una misma
causa o no de tristeza, le conmueve mucha veces más a él que al común de las
personas; esto les caracteriza. Es más sensible al dolor, inclusive más que a
la alegría. En sus expresiones, coloca esta sensibilidad que puede ser
entendida por otras personas como él, pero sin ser poetas. Por eso la poesía,
crea una dimensión, una catedral donde se reúnen poetas y los ‘amantes’ de la
poesía.
Ejemplo. Varias personas,
por casualidad, ante un árbol de hojas amarillentas por el otoño, pueden ver, desprendida
por una brisa, caer bamboleante una seca hoja. No pensarán, menos sentirán, por
lo común, nada sobre ello; por ser de rutina; pero en el espíritu del poeta, se
desencadena una sucesión de imágenes, de sentimientos; al recordar que la hoja
fue alguna vez verde, también movida por la brisa pero no para llevarla al
olvido; la imagina como un ser que no existiendo nació en una primavera; creció
para finalmente volver a la nada con un crujido por un simple pisotón.
Los Narradores, relatan lo
que le sucede a un personaje, o varios,
respecto a otros sobre los que actúa o actúan y reaccionan; en
situaciones diferentes a las comunes. En los relatos siempre existe un
escenario, unos personajes actuando y reaccionando entre ellos, hasta una
detención de las acciones y reacciones y la vuelta a lo rutinario de la vida;
tantas veces sin los personajes iniciales.
Por ejemplo, no se considera Relato el que un
campesino madrugue y con sus bueyes vaya al campo a prepararlo para la siembra,
y regresa por la tarde feliz por haber culminado la tarea. Pero sí los es, si
por la tarde, ya oscureciendo, tres sujetos lo interceptan en el camino, mientras
dos lo sostienen, el otro lo golpea con los puños primero y luego busca piedras para matarlo; a la primera pedrada el
infeliz campesino empieza a sangrar de la cabeza; luego se oye unos ladridos,
apareciendo dos campesinos que comienzan a luchar contra los malhechores, mientras
uno de los perros muerde y destroza las piernas del que arrojaba piedras; el
propio campesino atacado y los llegados luchan contra los otros dos; uno de ellos
trata de escapar, pero en increíble salto, el perro más robusto lo coge por el
cuello y empieza a apretar ante los gritos y manotazos de terror del individuo.
A una orden, los perros se calman y se sitúan frente a los ladrones,
inmovilizándolos.
Basta, en los
relatos—también en los poemas—, un comienzo como acción, para que en la
imaginación del poeta o narrador, se produzcan reacciones, lógicas o no, pero creíbles;
hasta un final; en que se neutraliza o equilibra la acción primera. Es bueno
señalar, que mientras más información, experiencias tengan los poetas y
narradores, mayor y mejores serán sus productos.
¿Se pueden combinar ambas
formas de expresión?; claro que sí; en la historia de la poesía y la narración
existen ejemplos.
Ω




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