En la especie humana, la
cantidad de mujeres o hembras, es de un 50%, igual que la cantidad de varones o
machos; así lo han dispuesto las leyes de la naturaleza.
Entre las especies de
mayor categoría, los mamíferos, los humanos son los únicos que para sobrevivir
crean sociedades; siendo las unidades sociales las familias—quizás deberían
serlo los individuos—, se puede observar en las familias, la complementación en
las funciones para su existencia.
Primitivamente, en el comienzo de la
humanidad, eran los machos lo que salían a cazar, procurarse los alimentos, así como para
defenderse de las fieras y de otros humanos; y las mujeres quedaban en el
primitivo hogar, encargados del cuidado de los hijos y en la preparación de los
alimentos. Es decir se podía observar una complementación perfecta en las
funciones de macho y hembra. La propia naturaleza ha creado a los machos,
muscularmente poderosos; de músculos de gran potencia; es decir de mucha fuerza
física y rapidez. En cambio, hizo a las hembras con musculatura, no muy fuerte
pero de extraordinaria resistencia. No es difícil demostrar científicamente
esto, para la mayoría de los casos.
Pero la vida en sociedad
de los humanos—habría que preguntarse si es natural esta forma de vivir de las
especies de mamíferos; o es más bien por conveniencia inevitable; ante el agotamiento
de los recursos naturales, alimentos,
para sobrevivir—, la vida en sociedad, generadora de la historia, muestra
muchos fenómenos sociales; entre ellos la actividad llamada trabajo. La
historia de la humanidad está plagada, no salpicada de abusos de unos grupos
sobre otros; la historia de la humanidad es más macabra, que de sonrisas para
las mayorías.
En estas diferencias reales y artificiales; mentales, de los más intelectuales, donde el
inteligente, se aprovecha, explota, al menos pensador y fuerte; aún existe el
denominado machismo, muy poderoso en alguna culturas —mayor fuerza física y sin
el tremendo punto débil de las hembras, mujeres: el embarazo indeseado, ante
una violación, ante la impotencia física de defenderse; dejando de lado el
concepto o constructo de “honor”.
Sin ánimo de desarrollar
un ensayo, por el tema conocido, de todos los días, no de uno al año, asignado
más para mover un poco la economía, que para reconocimientos; podría resumir la
justicia de relación en la sociedades humanas, con: “Lo único que debe impedir
que alguien o algo ocupe una función, es su incapacidad actual para ello, y que
a igual función, igual remuneración y beneficios sociales”
Si el ensueño se hiciera
realidad por unos minutos, diría en voz alta: ¡Feliz día abuelas; feliz día
mamá; feliz día hermanas, feliz día compañera; feliz día hijas; feliz día
nietas; feliz día bisnietas!
Ω



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