jueves, 17 de marzo de 2016

REZAGOS DE UNA CULTURA MILENARIA QUE SE RESISTE A CAMBIAR




La civilización del Tahuantinsuyo, y las anteriores a ella, en Perú; fueron unas culturas cerradas; autárquicas; principalmente por su aislamiento geográfico, tecnológico para los desplazamientos  humanos fuera del subcontinente, y la simplicidad de unas culturas cuya base económica era casi totalmente agraria.
No conocían los ganados vacunos, ovinos, ni caballos y burros. Más disponían de los auquénidos proveedores, más que de carnes, de lanas y algo de transporte de productos, no así de humanos.
Eran hábiles artesanos, particularmente las mujeres que eran seleccionadas por su natural talento para el hilado y tejido; de algodones en la costa y de lanas en las sierras.
Los descendientes de estas culturas, en una muestra del arraigo cultural rayano en lo genético, conservan esas capacidades, hasta exquisitas para crear tejidos realmente bellos, estéticos, aun en su material rústico—quizás esto le de valor comparativo. Ellos y ellas mismas construyen los simples telares; pero son las manos hábiles que transforman los hilados de diferentes colores, no sólo en sencillas telas, sino con adornos de cierta complejidad.
Es una artesanía que contiene valor cultural, histórico, y hoy fuertemente económico, en el turismo, y que se debe conservar; continuar con su desarrollo en pleno siglo XXI.

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