La
civilización del Tahuantinsuyo, y las anteriores a ella, en Perú; fueron unas
culturas cerradas; autárquicas; principalmente por su aislamiento geográfico,
tecnológico para los desplazamientos
humanos fuera del subcontinente, y la simplicidad de unas culturas cuya base
económica era casi totalmente agraria.
No conocían
los ganados vacunos, ovinos, ni caballos y burros. Más disponían de los auquénidos
proveedores, más que de carnes, de lanas y algo de transporte de productos, no
así de humanos.
Eran hábiles
artesanos, particularmente las mujeres que eran seleccionadas por su natural
talento para el hilado y tejido; de algodones en la costa y de lanas en las sierras.
Los
descendientes de estas culturas, en una muestra del arraigo cultural rayano en
lo genético, conservan esas capacidades, hasta exquisitas para crear tejidos
realmente bellos, estéticos, aun en su material rústico—quizás esto le de valor
comparativo. Ellos y ellas mismas construyen los simples telares; pero son las
manos hábiles que transforman los hilados de diferentes colores, no sólo en sencillas
telas, sino con adornos de cierta complejidad.
Es una
artesanía que contiene valor cultural, histórico, y hoy fuertemente económico,
en el turismo, y que se debe conservar; continuar con su desarrollo en pleno
siglo XXI.
Ω

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