“Árbol que creció torcido no se endereza, sólo sirve para el
fuego”.
Los niños, especialmente, y los jóvenes, son como la masa de
harina en las manos de un panadero, de una repostera, puede darle la forma
deseada; pero una vez salida del horno, pasado el tiempo, su forma es
definitiva, y si se le quisiese dar otra forma, se le destruiría.
Las gentes de hoy, de las actuales generaciones, quieran o
no, tienen su lugar asegurado en algún cementerio, de lujo o humilde; sus
espacios serán ocupados por las nuevas generaciones que se tienen presentes
hoy.
¿Qué clase de civilización o sociedad definirán las nuevas
generaciones? Eso puede y debe quedar claro hoy; a través del sistema educativo
desconocido que sea capaz de definir a un ciudadano para la paz y la
productividad económica, basados en sus
talentos naturales, desarrollados en una nueva estructura para formar a un
ciudadano superior, sobre esos dos valores mínimos.
Los peruanos y
peruanas, no deben seguir siendo más de lo mismo.
Ω



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