Eso informan
estadísticas lejanas.
La
infelicidad de tantos peruanos, de la costa, sierra, selva, según estadísticas
foráneas, no está de ninguna manera en su gastronomía tan variada, ayer, hoy y
mucho más en el futuro inmediato. Simplemente porque su variado territorio, las
decenas de microclimas, les permite la producción de variadas materias primas
para crear exquisitos platos.
Tal vez esté
en su fútbol que no levanta cabeza. ¿Responsabilidad de los jugadores, que ya
no nacen en número suficientes, con calidad natural? ¿No hay entrenadores
locales e importados capaces de hacer una revolución en el fútbol nacional?
¿Las dirigencias de los clubs, la responsabilidad del Estado, de los gobiernos,
no son las necesarias para sembrar, desarrollar un fútbol de nivel, siquiera
para estar en el tercio superior del fútbol sudamericano? ¿Es por el salvajismo
de unos pocos, pero muy dañinos, poco civilizados, en su política interna? ¿La dura
situación económica en manos de un gobierno que ya no gobierna?
Desde niños
hemos sabido que una propina, en domingo o fiesta, le alegra los ojos, y todas
las caritas de los pocos niños que suelen recibir eso que creo se llamaba: “propinas”,
mesadas. Las utilidades alegran a los inversionistas; el cobrar impuestos para
el Estado alegra a la SUNAT, o eso se imagina el ciudadano suspicaz. Los únicos
que pocas veces se alegran, salvo en las bonificaciones de fiestas patrias y
navidad, son los asalariados, los trabajadores y los pensionistas. Podríamos
apostar de la poca pensión, que esta es la causa primera de que los peruanos y
peruanas, sean los más tristes del vecindario; en medio de pocos privilegiados.
Pero
aun así; cuando el peruano piensa en un refrigerio
de antes de mediodía, piensa en ceviches; para el almuerzo o las tardes ya
tiene en mente donde ir a saborear los tantos platos completados con gaseosas,
cerveza; quizás un vino; muchas veces siendo o no día de fiestas nacionales
locales o familiares.
La calidad de sus comidas, son reconocidas por
paladares de muy lejos.
Ω

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