Los humanos,
al igual que todo ser viviente, necesita para vivir, líquidos diariamente o
frecuentemente.
En el caso
humano, su organismo lo emplea en disolver sustancias alimenticias; mantener el
cuerpo en determinada temperatura; mantenerlo húmedo. La falta de agua en el
cuerpo, se manifiesta como sed, que es más intensa cuanto más baja es la
cantidad de este líquido en el organismo; pudiéndose morir de sed en unos pocos
días.
En los comienzos
de la existencia humana, la provisión de agua no era problema; simplemente iba
al río o laguna; de donde bebía u obtenía la que necesitaba; sin pagar recibos.
Era gratis. Pero más allá de temas económicos; el humano primitivo no imaginaba
que podría proveerse de líquido de otras maneras.
Siempre es
agradable lo nuevo que nos agrade. Lo diferente, en sí mismo puede ser
apetecido; y esto parece haber sucedido con
la rutinaria agua: al agregársele sustancias se obtuvo un líquido más
agradable. En los humanos existen seres capaces de imaginación creadora, y así
poco a poco, las nuevas formas de presentar el agua fue desarrollándose. Se le
agregaron sustancias dulces, sabores y finalmente el gas carbónico—que dicho
también, se le acusa de ser el modificador del clima en el planeta, con todos
los daños causados por ello.
El humano
primitivo, el cavernario, traído al presente, respecto al agua, posiblemente no
entendería un estado de los humanos tan diferente al suyo. Es difícil imaginar
qué pasaría por su primitivo cerebro, con poca mentalidad.
En la actualidad
el agua se presenta de muchas maneras,
en el embotellamiento, como en sabores, colores, con o sin gas; a casi todas
las personas, en todo el mundo, les agrada el beber las denominadas gaseosas;
al mismo tiempo que es un buen negocio; fuente de trabajo.
Ω



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